En el sonido de la tristeza
llueven los colores citadinos,
en las montañas muertas
el ser humano es indigno;
no más... en el silencio

que se desgarra mi cuerpo
si tu amor yo no lo tengo;
y aunque el pulso de la bruma
me indique soledad, desidia y mediocridad
tus ojos van a hurtar
mi alma sin pensar,
solo llegarán… hasta el vacio inclemente.
Nada encontrarás en mi mente
solo tu imagen tu silueta de tan bella
magnificencia; tú una princesa,
yo un pobre escritor
de silencio profundo,
de imposible amor
que conjuga el verso del horror
sin ninguna contemplación,
ningún fervor. Maldita pasión
que por el silencio murió