Feliz devoto Dichoso de ti iluso devoto, que bajo suntuosos
templos agradeces y perdonas, divinos paraísos
aguardan tu arribo, esponjosas nubes habitaras
hasta el fin de los tiempos.
Oh, dichoso de ti iluso devoto que la existencia
no enfila sus huestes en la profundidad de la noche negra
procurando poblarte de insaciables víboras, afanosas por
sumir en tu carne virginal el veneno de las tinieblas.
Dichoso de ti iluso devoto, inocente criatura, la vetusta amenaza
de arder en las llamas no forma parte de tu fabula. Siempre
podrás purgar tus pecadillos sobre el lienzo cargado y absorbente
del confesor hipócrita.
Dichoso de ti iluso devoto que con tus plegarias todo lo puedes.
Duerme manso como el manantial, crédula oveja,
abrigado en los graves puños del Señor. Ya sabes que sucede
después del fin.
Dichoso de ti iluso devoto, el mártir de palmas sangrantes
por ti ha muerto ¡Dulce gesto! En tu hora final blancos serafines
acudirán para arrancarte de la carne tibia y vacía, que yaciente e
inmóvil emprenderá el camino hacia la putrefacción
Dichoso de ti iluso devoto, los deudos despedirán tu continente obsoleto
en pomposas y sombrías celebraciones. Tus huesos reposaran
cómodos en lecho de fría madera. ¡Que regocijante será ver el
llanto desde el paraíso!
Oh, infelices nosotros, recelosos impíos, que no vislumbramos edenes
eternos, ni siquiera infiernos que nos reconforten en su ardor.
Ni placer o dolor. Ni luz o tiniebla. La nada, implacable, asoma
al final del camino
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