Originalmente publicado por Luis Á. Ruiz Peradejordi Dicen, Señor, que estás llorando.
Y quiero verlo, pues nunca vi
llorar a un hombre.
Te he visto ante Pilatos,
con la espalda trazada a golpes,
una corona de espino
he visto ponerte a los sayones.
Vi tus ojos limpios
enturbiarse de tanto sufrimiento.
Cómo, gotas de sangre
pincelaban tu semblante
y las rodillas, desolladas,
no podían seguir adelante.
Y he sentido el madero
cómo en tus hombros se cargaba.
Parecía el mundo entero
de tanto como pesaba.
Te han humillado las risas,
a Tí, hecho Amor verdadero,
de los simples, los taimados,
los cobardes, los usureros.
En la Cruz, Señor, te han clavado,
como al ladrón,
como al malvado
y la punta de una lanza
te ha atravesado el costado.
Dicen, Señor, que estás llorando.
Y quiero verlo, pues en tu Pasión,
ni una lágrima has derramado.
He salido a buscarte
y no te he encontrado.
He visto a los que sufren,
con los pobres he tropezado,
con enfermos, desvalidos,
hambrientos y desesperanzados.
Ellos sí lloran, pero yo,
Te sigo buscando...
Hasta que me has tocado
y he visto, cómo son sus lágrimas,
Señor, las que Tú estás llorando. |