Desde esta esquina, el aire al frente no se parece a mí.
Limpio y victorioso.
Vacio.
No importa.
Va a donde debe y no desea.
Hundida, yo no despego,
no estoy limpia,
ni me he vencido,
no somos aire.
Envejezco de noche y siempre,
aquí esta el más débil pensamiento de derrota,
y ha ganado la partida.
El azar se esconde en todas las calles, aquí y allá.
Sin embargo, la ruleta no existe.
Todos se esconden.
En mí. En mi esquina.