Tientas mi alma que por sacra yo la tengo,
encadenas mi corazón a merced de los demás,
y en este devenir de eterno momento yo vengo,
más sé que cadenas, ya no me ataran jamás;
Absurdo desconcierto de una realidad ingrata,
que se desvive y pierde, desmereciéndolo todo,
siendo sabido por todos y no metiendo la pata
que la verdad prevalece siempre y ante todo.
Ligaduras forjadas por Hefesto, lascivia de arpías,
bocas que falsean la información de Athenea,
copias que dicen: “eres tu quien mentías”;
¿y la belleza?, que decir, ya murió dulcinea.

Vida de menosprecio interno y desmotivación,
más solo viven eternos, seres de ardiente corazón.