Wanda,
y dos pequeñas violetas
detrás un espacio pequeño
donde velan a un muerto.
Wanda sonríe,
las violetas se tuercen de la risa.
detrás el espacio se llena
de aire rosado y fresco.
y descansa el muerto.
Descansa Wanda,
sonríe después de mucho tiempo
y las carcajadas de las flores
son cosa nueva en ese rincón pequeño;
el muerto calla, es la razón para el contento
el muerto está muerto,
nunca más, un agrio desvelo
ni el dolor al desprenderse las hojas
de tanto temblar, de las violetas,
tiemblan ahora, de risa,
juegan golpeando sus pétalos
contra la nariz mohína
que antes fue agudo hierro
y ahora es parte del muerto.
Wanda y sus dos violetas,
¡qué cálida fiesta!
Por el muerto nadie llora,
nadie vendría a pedir lágrimas
habiendo estado atoradas por tantos años
en las tres sensibles gargantas, miles de carcajadas.