No te doy canción, mi emisario,
porque vayas a escapar decepcionado,
estás preso entre mis manos, varado,
triste comprador de todos mis diarios.

Y no vayas a gritar, te lo ruego,
por mi carne -es madera de duelo.
Busca mi efigie dentro del suelo,
haz tu magia, dame magia, sé tú el Mago.

Fuiste arrojado, te siento muerto,
pero no dejas tu huella, sigues cantando,
si no sopla el viento vas andando,
si cae tormenta, veo tu orgullo desierto.

Cambias el mensaje, emisario,
te escuché tras tus trompetas,
estuve en tu mundo de ascetas,
hablabas con pulso gregario.

Me engañas con tino infrecuente,
y yo te acompaño entre sueños;
de tu alma soy menos que dueño,
te amo, emisario, mi yo viviente.