
por damianolivares
La tormenta se agitaba como un péndulo;
sus ráfagas cobardes golpeaban y huían.
Se posaba sin piedad, ultrajando sin tregua;
¡Yo la escuche!
Su voz se asentaba en el viento;
era el silbido eufórico de la noche.
Figuras borrosas, sombras confusas,
trastabillaban con suerte maldita.
Su clamor inundaba la ciudad
de sucias y amargas lagrimas,
su llanto; tal vez fue confundido
con el mió.
Destruidos los sentidos más agudos,
los recuerdos más aferrados;
fui un pobre par de ojos extraviados
en la tormenta del primer mes.
Un susurro, una mentira deslizo entre mis venas, entre mis hartos túneles sanguíneos de esperar una tormenta, espere tanto tiempo tantos días, hoy decidí correr mi sangre hacia otro camino fuera de esta bestia que la domina. No esperare que todo cese, aunque mis lagrimas sean la tormenta, tan funesta aquella del primer mes, Un honor Vlad-Zmeu
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