POEMAS RECOMENDADOS Y NUEVO TALENTO
19.04.2008
I.- POEMAS RECOMENDADOS
MUJER EN SU HABITACIÓN
Para sí misma, mujer,
principio oculto detrás de las palabras
en cualquier lugar que acoja una sombra,
en cualquier espacio blindado a los silencios...
En sí misma, tu habitación,
útero limpio que empujaba la noche
hacia el seno "avulvado" del alba...
Afuera, el frío
y las hojas quemadas por el frío
y el ladrido lejano de los perros,
abiertamente mezquino
en cualquier despojo.
Sin embargo, yo entré en tu habitación,
con las manos roídas por la costumbre
pero honestamente hambriento de vida.
CIUDAD
Iré a la ciudad a que me entregue su alma,
a que me diga su conocimiento, iré.
Cuando la luz despunte del abajo,
cuando levante sus manos al aire amontonado
a que me regale sus años y sus secretos, iré.
Para perderme en sus calles imbricadas
de tiempo,
a que me diga que piensa del pasado,
a que disponga su remedio a tan solitario
pasaje,
a eso y a que me abrace, iré.
Y cuando el nostálgico silencio
se sume a la luz en una danza
y cuando el pétreo papelito de sus muros
se haga tenue y refulgente cual topacio,
cuando ella me sumerja bajo su aliento rasgado,
allí escondido,
bajo su pecho,
latiré de nuevo
y de nuevo tú agarrarás mi mano.
Iré a la ciudad que ya no existe
a emborracharme de silencio y de pasado,
olfateando las miserias del olvido
amando tu recuerdo con los siglos a mi lado.
ALICIA LA CHUPA DE MARAVILLA... Y OTROS CUENTOS
Alicia la chupa de maravilla
y a veces se traga el esperma
como si tuviera sed.
Alicia tiene en su boca un océano
y siempre que la abre soy un pez,
uno de esos diminutos y de tres colores
que caben en una pecera circular.
Alicia me engulle sin esfuerzo
como si fuera humo o aire,
como si fuera un hombre.
Alicia mi dulce Alicia
dejó de perseguir conejos
cuando descubrió el suyo propio
y convirtió su dedo índice
en una caja de orgasmos.
A veces se arrodilla y mi ego
es una metralleta de balas blancas
y hay un homicidio de siete segundos
en el paredón de los placeres.
Alicia boca de océano se acuesta a mi lado,
se acurruca sobre mi hombro
como si fuera un gato a rayas
y mientras me duermo
celebra un feliz no cumpleaños
y le hace trampas a los relojes
para que llegue tarde al trabajo
y halle en su boca de agua
más corta la jornada.
Con un as en la manga,
la reina de corazones
pinta un trébol en mi espalda
con la punta de su lengua
y el universo entero,
sobretodo el mío
le cabe entre los dientes.
EL ÚLTIMO TRAGO
El primer sorbo cae dentro y es hielo.
Los ojos miran y son cristales rotos.
El pensamiento cae por cansancio,
y cuando quiero decirlo, nada es claro
y todo son abstracciones de ideas. Sueños.
El hielo está abierto, como en pálpitos
de versos. Y las punzadas, invisibles,
se disuelven y anulan. Es agua.
Lo que era frío y fuerte, ahora
es un mar abandonado y muerto.
El último trago está vacío, aun
ardiendo en el aire. Porque el vaso
y el cristal han roto sin hielo.
La presión del vacío quema
el segundo sostenido de aliento.
El hielo inflama y no rompe.
Es agua sin lágrimas, técnica
de máscara desfigurada por Tiempo.
Queda la gangrena fingida
con molde de acero perfecto.
Y el trago de tinta es el vaivén
poético que graniza y derrama
con un descarado anhelo
de romper las palabras.
LOS BARCOS DEL SILENCIO
Los barcos del silencio yacen quietos,
van detenidos junto a tu mirada.
Los barcos del silencio están sujetos,
dormidos en el fondo de la rada.
Los barcos del silencio me han comprado
las angustias amargas de verdad;
tus besos casi tenues y apurados,
las voces estruendosas: ¡despertad!
Los barcos del silencio han llovido
orvallos clandestinos del amar
y me han dejado triste, anochecido
junto a la vera que nos lleva al mar.
Han comprado la noche tan serena,
cuando hubo despedida de las manos
y una música grácil de la pena
me cantó los quehaceres de lo vano.
De retiro me llevan estos barcos
hacia el pétalo azul de tu mirada,
que en esta soledad está en un marco
como la flor eterna que es guardada.
No hay barcos, ni silencios sino sueños,
sueños que tienen miedo ya de amar;
son egos que no quieren ser los dueños
de todo lo que pueda esclavizar.
¡Cuán bellas del jardín, ah, son las rosas!
¡Cuán fieros son los clavos del rosal!
pero estas flores pecan de amorosas,
con espinas se adoran ideal.
¡Navegan, ay, los barcos del silencio!
navegan a la altura del amor,
y un crepúsculo bello te sentencio,
cubierto en plenitud con mi calor.
Cruzan los faunos, cruzan delicados;
una náyade vaga en el jardín;
un retrato de gnomos agitados,
¡me corona tu beso de jazmín!
Del olimpo bajaron ya los dioses;
bajaron con fantástico tropel:
son las divinas luces de las voces,
los efluvios callados del vergel.
La náyade se envuelve de mis versos;
se escapa en las aguas azuladas
de un río que camina en lo disperso,
en remolino mágico de aguadas.
Los barcos me han robado mi suspiro,
se alejan del calor de tu mirar;
con el peso de sueños ya deliro,
un delirio de ausencia a no parar.
Ya se alejan en brazos del crepúsculo;
los sueños ruedan flacos en vereda:
se sueltan las cadenas de los músculos
y un beso que da vueltas, va y rueda.
En fin, es lunicidio que me mata;
va estrujando las cuerdas del lucero:
ese bergantín grácil y de plata
que me embriaga de tanto que ya espero.
VI EN TI
He sentido como el viento
desgarraba las hojas,
mientras pensaba en ti.
He visto a la espuma saltar
más allá de las mareas,
al rociar los pensamientos de ti.
Todo cuanto busqué,
vi en ti.
He notado el trazo del rayo
bosquejando estrías en la piel
de un cielo ensangrentado,
mientras esculpía en mis retinas
curvas que recitaban a ti.
Todo cuánto soñé,
vi en ti.
Sueño que ondulas etéreo,
andar femenino acompasado,
sueño que moldeas sueños,
oscilar de labios rozados.
Sentí tan intensa la naturaleza
tan pura y salvaje
que en ti, la reconocí.
Todo cuanto anhelé,
vi en ti.
Y así vi a la Luna
ponerse en tu sonrisa,
y a la blanca neblina
acunarse, en los suspiros
de tu brisa.
En ti, lo vi en ti.
ANDA TRISTE LA TRISTEZA
Anda triste la tristeza
ronda que ronda mi casa,
con su vestido de luto
y con su tez toda pálida.
Parece buscar consuelo,
parece tan desdichada
que yo sería malvado
si no le diera posada.
Por eso, cuando la vi
sin adorno, sin hogaza,
famélica, miserable,
le abrí las puertas de mi alma.
Pude ver que me veía
con infinita mirada,
incrédula, sorprendida
con una sonrisa vaga.
Entró cautelosamente,
oscura, deshilachada,
con una imagen furtiva,
pestilente, desdentada.
Se apoderó de mis sueños,
de mis versos, de mi cama,
de las fotos de mi madre,
de mis meses y semanas.
Se bebió todo mi vino,
rompió mi vieja guitarra,
destrozó las partituras
de mis canciones más blancas.
Decapitó los anhelos
que con ilusión guardaba,
puso una venda a mis ojos
y a mi boca una mordaza.
Hoy ya no quiere salirse.
Hoy ya no sé cómo echarla;
pero yo tuve la culpa
por haberle dicho: "pasa..."
DIMINUTA
Soy casi invisible
y no doy explicaciones,
me alegra saber
que en la estación dorada
nadie las espera.
Suenan los megáfonos
anunciando
llegadas
y despedidas.
Mentiras
disfrazadas
de algún héroe
que nunca supo volar.
No se me ve entre la rutina,
apenas soy
el insecto
que arrastra tus zapatos.
El hambriento tesoro
que guardas
bajo la almohada
donde duermen
los recuerdos.
Soy pequeña en el mundo,
apenas una estrella,
casi fugaz,
como ese beso
con sabor a whisky
en la madrugada.
Soy pequeña entre tu cuerpo,
entre los cuerpos de los demás,
diminuta
en este universo
que anuncia horas,
llegadas
despedidas,
sueños que matar.
LA PALABRA MÁS SUTIL
La palabra más sutil puede ser una daga
y el silencio, tedio y suplicio.
Los solos ni a decir hola se atreven.
Los tristes beben cicuta y danzan con el viento.
Los nobles, los alegres, se evaden
en presencia de esta angustia.
La palabra sutilmente homicida,
filero verbal de canallada.
Aquí, en este lenguaje
de sospechosa inocuidad,
una flor es blasfemia,
cada rama se conforma con espinas.
Y la palabra dulce es extravío
y la gentileza se encara
con trámite de duelo.
Por eso voy tan solo
y cumplo mi rutina y a veces
lloro con las horas en medio del barullo.
Y estoy en la colilla de un cigarro
y, solo a veces, de repente,
me encuentro con mi canto.
LA MUJER QUE NO SE CALLA
Tu voz de ensueño dueña de cantares
que sibilas con gritos y advertencias,
complejas comuniones y pesares,
atolondran al hombre con sentencias
de tesitura aguda, en lugares
visitados por gente de tendencias
sutiles, más a basto ni en un susto,
pues me nombras apodos de un mal gusto.
La dicha y el tormento lloran juntos
sus desgracias, lamentos e indecoros.
Del festín participan y en asuntos
de alegatos de amores y tesoros,
los hombres pierden siempre los presuntos
foros con el mejor de los decoros.
¡Vida mía, mujer de mis delicias
sosiega tus tremendas injusticias!
II.- NUEVOS TALENTOS
(usuarios con menos de un mes en el portal o menos de 30 poemas publicados)
REVIVE EL TRUEQUE
Revive el trueque,
mis letras
por tu pasión,
volad rapaces,
la ocasión se hace,
la ilusión nace
en el corazón
de los tenaces,
que concesión
nunca jamás hacen,
a la pretensión
de los mandamases,
de poder ocultarse
tras la confusión
que subyace,
en los conflictos
de intereses.
Ya te negué tres veces,
dios verdadero, poderoso
caballero de Quevedo,
ahora, pierdes el Don, dinero.
Tensión en sus fauces,
ahora me veis,
ahora no me veis,
volveréis la vista
buscando la avispa
que surca el aire
y su aguijón os hinca.
Se deshace el sabor
del dinero, en paladares
obscenos de tanta gula,
como perros de Paulov,
al oír sonar la campana
en el venerado parquet,
yo sigo tirándome
en el fresco parque,
donde el verde
lo aporta el césped,
y no tintados papeles,
que solo me dan sudores,
las cosas mejores,
son gratis señores,
no se corten, sírvanse.