Réquiem
Introitus:
Réquiem
Mar de candelabros, acogedoras brumas de aceite y manteca,
hermoso castillo de negros rosales, escalinata sembrada de espinas,
las habitaciones, los pasos crujidos, el frío punzante de un ocaso,
señor de estos aguaceros, dama de las orquídeas, ¿qué es este templo?
El sol lejano se descascara, enerva su místico halo, gotas purpúreas,
el meteorito tirita, se enjuaga en la magia del lucero pardo,
el paisaje es tenebroso, tétrico, los búhos me observan coléricos,
descubren los tumores que brotan del hongo que descanso.
Despierto, la fuga estrambótica del órgano, las plañideras, los venerados,
las coronas de verduscas raíces sobre la barnizada caja,
el grito que se tapa la boca, el suspiro de la explosión,
en silencio flotan las nubes pasteles, el dormir del vampiro…
Kyrie
Ave infinita de forzosos plumajes cabalgaré sobre tu lomo vinoso,
y comeré del alimento que me brinda el escarnio de tu pico,
majestuoso ser alado arrancaré con dulzura la lepra, la tisis,
el cáncer, la enfermedad a tu convaleciente hígado de aguamarina.
Sequentia:
Dies Irae
Es el fin, cataclismos en los bordes, en el centro,
se desquebrajan los espíritus, los muertos se levantan,
el suicidio, la peste, se abre la rendija de los infiernos,
día de ira, noche de malaria, el Grimorio,
desesperación, el sudor, la navaja, los tambores,
el Apocalipsis de la marcha, sigue maremoto azotando,
se incendia la tea de la Biblia Negra.
Tuba Mirum
Qué gran montaña, qué magnificencia de las columnas sobre la seca sabina,
cuerpos mutilados arrastrándose hasta la cima, un alma usurpadora
otea desde la intemperie el filo de la guillotina, varias cabezas en el cesto,
que son arrojadas al albañal, mezclándose la sangre con lenguas,
ácidas, maquilladas con el celaje aterido, el azulado de las mejillas,
unas cifras, mutaciones de números, todos condenados, todos…
Rex Tremendae
Castigo eterno, mi amada pasión,
los heraldos de la luna se acercan
sus pisadas agostan la primavera,
¡castigo eterno, mi amada pasión!
Genio sublime, amor a la mujer,
el alcázar de metal peina sus colmillos,
el crisol de cobre quemará mis tobillos,
¡Genio sublime, amor a la mujer!
Espíritu santo, beato por los fénix,
el nido de escorpiones es la cuna,
la enroscada serpiente se acuña,
¡Espíritu santo, beato por los fénix!
Recordare
Soñaba en un mundo nuevo, en un mundo feliz,
donde no existiesen guerras, donde no se discriminan por el color de piel,
donde no existiesen los mendigos, donde no mandarán las maquinas,
donde podría criar a mis hijos y tener una familia,
tener amigos; separar la barbarie de la soledad a la nostalgia,
y cocer las sonrisas núbiles del olvido en un collar,
obséquiaselo a mi madre anciana y que sonría de la buenaventura.
Hoy estarás conmigo en el paraíso, sin cicatrices, sin clorosis,
joven, en el albergue, en casa, en mi tan anhelado hogar.
Confutatis
La risa contagiosa del Sátiro, burlonesca, me acorralan los duendecillos,
alrededor mío vierten gasolina, meditan, se oye entre sus murmullos,
un rezo:
Quimera, ardiente, bronceada empuñes tu sable,
ocultas el escudo a los malignos rayos,
descúbrete reina de la caza, niña primitiva,
aúlla a kilómetros, dándonos señas,
imágenes benditas, alabada seas Pan Oscura.
Hicieron de mí una antorcha en ese aquelarre, el macho cabrio,
sentado, pensativo con sus cuernos deformados y su cencerro de plata,
libaba del cráneo de los mártires, hermanos míos, sálvenme,
las estrías de los pinos danzan en esta pagana romería.
Lacrymosa
La utopía de todo ese concierto de oboes y violines,
la cornisa donde se posa un ángel desnudo, el muro,
esa tapia de lágrimas, hay un columpio donde alguien se mece,
¿quién es?, el jardín espeso, la mies castaña trasquilada,
las aspas del granero interrumpen el delirio del céfiro, el soplo,
cabellos recogidos, exponen un aroma chamuscante en la lava,
el vómito que produzco, el charco, el poco océano de mi vida,
la entrada a las islas dantescas, el mediterráneo del tigre,
rugidos en las alturas, la elevada mediodía prende el fanal,
despierta, hijo, despierta, dame un abrazo y sígueme hacia el éxodo.
Se escucha por segunda vez en los dédalos, ¿quién es?,
el redoble del bolero interrumpe los salones, el ágora, la reunión,
y me siento solo y nadie me coge de la mano.
¿Quién es? , se siente el parpadeo de un cíclope adolescente,
la taquicardia y un pulso descomunal a la esfinge de ojos de rubí.
La barba me crece y similar a algodón o a moho la anudo,
dándole contraste a mi calva bruna, y brincando del ventanal,
que se de quién es ese llamado…
Muerte esclava sáciate de el sol azul de mi corazón.
Muerte divina acoge con tus brazos en tu empíreo de luciérnagas.
Muerte sí, es tiempo ya de poder dormir…
Amén.