ESCRIBANO
Aquí te veo, me ves, nos vemos.
Siendo el rechinar de los muebles, del ropero y de las sillas,
el vuelo elíptico de la mosca alrededor del foco,
el puño de la lluvia que golpea por todas partes
y que en todas partes se derrama infinito, emancipado,
sobre los perros que se crucifican en las calles.
A mi mano buscas, sólo a mi mano,
igual como el mar busca a los ríos para ser mar,
igual como la tristeza incinera al deseo
y claudica en los nombres que respiran, oscuros,
las afónicas volutas del lustroso polvo.
Aquí, a ciegas, te debates en una hoja.
Te sostienes de mi mano y de mi pluma y de su tinta
que no saben más que parir letras.
Letras que son la flor sin aroma,
letras que son el puñal ebrio,
letras que muerde el viento, el fuego, el agua,
y que no son más que los sobres mercantiles,
los mapas comerciales, las cartas marítimas,
que en desuso el tiempo ha dejado.
Cuando la mañana se erige como un vasto desierto:
Soy la fatigada estatua en soledad y claustro,
el maniquí irrisorio de lágrimas pasmadas,
la indómita piedra de instantes petrificados.
Al techo miro, callado e inmóvil.
Mientras tú, sobre el papel, cual esfinge agazapada,
ves llegar a la madrugada, envanecerse a la mañana,
con el ruido del agua que bulle para convertirse en humo.
ALLÍ ESTARÉ
Sé de esa presión en el pecho
que no deja respirar.
Sé del dolor que produce
la partida de un tierno mirar.
No sé que sea de la tarde
cuando muera este día,
si se agrave la agonía
de no verte más.
No sé que depare el futuro,
sí sé no quiero ver
cuando tus huellas me digan
que ya pronto…
que ya pronto te vas.
Sé más de este amor que queda
y que aún puede sentir
nuestra sed y verdad
en cada rincón,
en lo alto del cielo,
en cada aliento y respiro,
en la arena y la playa
desde nuestro balcón.
En ese teatro hecho de luna
en crestas azules
y la espuma del mar.
Pero debes saber
y estar segura
que donde llegues
allí me habrás de encontrar.
En las cosas más simples
allí te sabré esperar.
En el agua del grifo,
en el café de la mañana,
en los labios sedientos
en cada momento,
en el viento que sopla
y nunca se va.
Allí estaré…
allí me tendrás,
por toda una eternidad.
PRESENTACIÓN
¿quién soy yo?
yo soy todos los gatos y perros
que se van y sabes que están muertos
yo soy lo que tanto querías y echaste a perder
yo soy luna nublada, soy estrella invisible
soy lo que no tienes
y lo que quisieras ocultar
¿quién soy yo?, soy ganas de llorar
y no poder llorar
soy fracaso tras fracaso
soy los amigos que perdiste
soy angustia constante y opresiva
soy soledad y soy despecho
y soy querer y querer y amar
sin obtener nada a cambio
y soy tambien corazón roto y pisoteado
yo soy futuro incierto
te diré quien soy:
yo soy el sueño que no recuerdas
o el jugete roto
o el boton perdido
soy suspiro
soy lágrima inadvertida
yo soy lo que sientes cuando te escupen en la cara
todas tus mediocridades
y quieres ser valiente... y lloras
y quieres ser indiferente... y sonríes
y quieres ser sincero... y mientes
y te entregas... y se ríen
y quieres ser tú... y te avergüenzas
y entonces quieres morir... y vives
yo soy todo lo que está en la sombra
yo soy nada
todo eso soy
y te recuerdo
¡LO SÉ... ES TUYO!
Desnuda tu intención entre mis brazos
deja en mis labios los remordimientos
tómame así, amor sin miramientos,
y podrás en mi piel dejar tus trazos.
Disuelve del recuerdo los pedazos,
huellas de mis añejos sentimientos,
redibuja en tu cuerpo mis cimientos
deja vencer en ti todos mis plazos.
Qué despierten en ti todos mis sueños
qué se pierda en fuego tanta razón
que me ata y me condena a tus diseños
y, en tu ausencia, me deja desazón.
No sé, si del destino somos dueños
pero sé que tuyo es mi corazón.
QUÉDATE ASÍ
Mujer de mi consciente sueño,
quédate así, inmóvil para siempre
en este segundo en que te admiro.
La tierra es negra y fría y alumbras como el fuego.
Quédate así, así,
como una estatua de mármol helénico
o como posas en el ancla terrestre
de una fotografía.
Quédate así, alta y entallada y sin arrugas,
más hermosa que Tonantzintla o Dresden o Madrid
o que un aria de Puccini
frente a las olas sincopadas
del Océano Pacífico.
Quédate así, con ese rostro
memorable y fresco
que sólo Modigliani y San Juan Diego
lograron inventar.
Con ese ágil y danzante cuerpo
que recuerda inevitablemente
la esbeltez de los volcanes
que enamoran a México
y las ondulaciones litúrgicas de la costa caribe
en un país extranjero.
Quédate así, amada mía,
quédate así.
Que no te cambie el tiempo.
Que nunca más los años te transformen
ni Darwin ni Comte ni el río de Heráclito.
Que seas la flecha en el sólido aire de Parménides.
Bella y sana y joven recordarte quiero
con las uñas pintadas
y en un anuncio de televisión el pelo
y los tacones altos
y el plano vientre al descubierto,
así, así,
en esas blusas bicéfalas e hipnóticas
y en los vestidos cortos y ligeros.
Semíramis, Cleopatra, Beatriz, Brigitte y Dulcinea:
con sus nombres se amasija el yeso
de tu existencia intacta,
siempre tú,
mujer niña,
mujer barro, caña, casa, urna
mujer ubre
mujer carne, carne, carne
mineral que salva los puentes de mi sexo.
Y si acaso no es posible
que la sorda existencia
pueda concederme el oro inoxidable de tu estro
pido morir pronto,
exijo morir ya
para no ser testigo de ninguna crueldad sobre tu cara
ni de la guerra sucia hacia tu cuerpo.
Para que tu perfecta imagen
que me hizo insomne y adorarte y ver a Dios
perdure inmaculada en los siglos eternos
de este instante
en que todos los hombres te miramos
y a cada uno y todos juntos,
pasados, actuales, venideros,
desde el árbol genitivo
de lo Bello,
del Amor
y el Deseo,
tú nos ves.
ME DIERON GANAS
de acompañarte en silencio
de poner en confesión a la luna
de encontrar
aunque sea por breves instantes
el destello de la melancolía
que se ilumina en tus ojos
y sonreírte
sin más pretensiones
que hacerte saber con ese mínimo gesto
que la soledad...
es siempre una calle
que escogemos caminar en silencio
y que yo...
camino por esa misma calle vacía
repensando la vida
paso a paso.
DESDE MI BUTACA
Me gusta
verla dormida
desde mi butaca,
dormida piel
dormido pelo
albahaca,
la silueta
del seno
que llama
cuando giras
en la cama,
contengo
mi gana
no acudo,
calma
me procuro,
calma,
llegará
el momento,
ahora
no es hora
es tiempo
de espera.
Esperar
otro giro
para ver
tu espalda,
uno más
y boca
otro y cadera,
una pierna
se eleva
la sábana
despega
vuela,
cae al suelo...
Me encanta,
no hay cuadro
más bello
no hay tanta
belleza
en un lienzo,
silencio.
Se despereza
bosteza
se acaba...
me acerco,
la beso,
mañana
otro mañana.
EL CIEGUITO MUSIQUERO
El viejo flaquito, flaco.
Saco gastado,
se calcina bajo el Sol de enero,
como cuando laburaba en la cosecha.
Hoy, sin jubilación.
Con su bastón blanco
y sus lentes negros.
Con su gorro dispuesto en el piso,
recibiendo limosna "pa´ pagar la pieza".
Se tapa con un diario la cabeza,
mientras la recuesta contra la pared.
Y piensa,
piensa que hay un tiempo para todo.
Vivirás,
vivirás
y un día querrás descansar.
Descansar y nada más.
Y tararea la canción aquélla,
“Hay un pago en el mundo,
donde todo es verde,
donde todo es bello.”
Y se le va la cansando la mano de tenerla en alto.
Y el Sol le da de lleno ya en la cara sonriente,
aunque no puede verlo.
Y ya contra la pared se va quedando como dormido.
Cieguito de la acordeona,
hay un hueco en la pared donde siempre te sentabas.
Te extrañamos los que pasamos por allí todos los días.
Bracero de la tristeza.
Trabajaste tu vida toda
y nunca diste trabajo.
Hay un tiempo para todo.
Para adentro habrás pensado:
“Sólo descansar,
descansar tan sólo”
Te reís,
viéndonos girar las cabezas buscándote desde tu nube.
Preguntándonos entre nosotros en la parada del colectivo.
“¿Ande habrá ido el ciego?”
Y nos cantas riéndote desde arriba.
Sin que te escuchemos
“Hay un pago en el mundo,
Donde todo es verde,
Donde todo es bello.
Donde rugen las aguas,
Donde el aire besa,
Dónde nace el cielo”.
MÁS REFLEXIONES
Mar, océano, piélago, mi salitroso amigo.
Orchila de blancas y cálidas arenas.
Mamo, meseta árida y siempre estiva,
de todas las mesetas, la más altiva.
Mergellina, lungomare enamorado a los pies del Vesubio,
gigante dormido, bello durmiente, silente, callado,
perpetuo amenazante que parece domado,
adorado tormento de una ciudad milenaria.
Mar, océano, piélago, mi salitroso amigo,
Oricao y Tarma, Tacoa y Arrecife.
Las Tunitas, que de tunas ya te quedan pocas,
y muy pocas gaviotas, fragatas y pelícanos.
Y en las playas de todo el orbe terrestre:
pedruzcos y latas, piedrecillas y vídrios...
vídrios alisados, opacados por el cándido salitre,
se parecen tanto a mi corazón
alisado y opacado por desmanes, desplantes, desengaños.
El patito feo nunca se trocó en cisne real;
el sapo verde jamás se transformó en príncipe azul;
muy a pesar de todos los besos de todas las princesas rosadas
que besaron una y otra vez sus verdes mejillas de sapo.
El sapito se quedó verde y nunca dejó de croar.
Jamás se volvió azul...
Azul marino, ecuóreo, divino,
todo un océano encerrado en una botella de Parfait Amour.
Pero el amor perfecto es Dios
únicamente Dios.
Nadie más que Dios.
Dios: ¿qué pasó con mi media naranja?
alguien se la comió a mis espaldas
o acaso se extinguieron las naranjas.
Si no existe, no importa, dame entonces una media pera,
o una media parchita, o una media manzana
-ni se te ocurra darme una media banana-
o una media toronja, o una media uva...
... aunque sea dame una media tunita
con todo y sus espinas.
Me las calo las espinas,
me las calo
con tal de no envejecer solo...
LO QUE ERES PARA MÍ...
Eres, ese algo que puede renacerme
después de la tormenta,
llegaste un día a mi soledad
y llenaste mis recintos vacíos
ocupado sólo por tristezas,
los colmaste de audaces alegrías
y de inmensas frases…
me regalaste instantes de tu paz
y un poco de tu sonrisa
te instalaste en mis ojos,
... para no dejarme llorar.
Eres, la brisa suave que se filtra entre mis hojas
y que llega a mi cuerpo,
como la de un niño, con ingenua risa
como un soberbio mar, que me envuelve
y me baña con sus olas...
Eres, eso que nunca supe pedirle a nadie,
esa palabra de aliento, que no sabia descifrar
y te siento caminar por mis caminos
y te sonríes
y espantas con el brillo de tus ojos
a mis temores y a mi tristeza
traduces mi mirada y desdeñas mis desvelos
Eres, lo que de mí yo quiero...