Lo quequeda

Queda pan y garganta, quedan horas
para vaciar del hombre toda prisa,
para ponerle un sol a su camisa
y preguntarle tú, di, por qué lloras.

Queda también la paz de las auroras
que encienden esa luz que ya agoniza,
que se alzan con los sueños y la risa
de un día nuevo que en tu piel añoras.

Y quedan las certezas que atesoras
en manos por besar, en la ceniza
en que arde aún el fuego que devoras.

O sea, queda amarnos por divisa,
si no, basta pedirle a quien adoras
que traiga lo que falta a tu cornisa.

07 09 11