Llego al lugar acordado, esa casa con grandes columnas blancas,
la puerta está abierta, recorro las habitaciones;
encuentro otra puerta, giro la cerradura y estás tú;
otra mujer te acompaña, cabello negro, delgada, piel pálida.
Me siento en la penumbra a tomarme una copa de vino,
aún no me haz visto.
Veo la forma en que hacen el amor,
en la que acarician sus cuerpos húmedos de sudor,
asemejándose a dos bombas atómicas de orgasmos dispuestas a explotar,
me levanto de mi silla y simplemente las dejo solas.
He callado y he partido,
porque sé que sobraba decir adiós;
te he perdido para siempre,
por que anduve en el camino de una ilusión...