Pido a tu majestad
una mirada de locura
para enredarme en tu vergel
aguijoneado por mi incendio.
Una sonrisa de tu boca azul
embelesa mi coraje
y tiemblo augusto, erguido
ante la sed de tus murallas.
Rompo tus rincones de granito
con mis pujantes latidos fervorosos
Recorro tus estaciones vírgenes
hasta encontrar la brújula encantada
la milagrosa piedra
joya vital que te despierta
en manantial inagotable de miel bruja.
Gemidos y lamentos de una muerte
despeñada a los abismos rojos
del gozo de la tierra
que responde hambrienta
sin pudor
al impulso enigmático del instinto.
El estertor de mi agotado brío
desata en tus momentos orgullosos
terremotos de presencias escondidas
entre las grietas de tus rocas ígneas.
Vuelo de pájaros
exacerbado, indómito
despierto tus audacias misteriosas
sepulto mi misión, mi ruego
en tu guarida de salvaje loba
y perdido en el sepulcro
expiro en ti
en tu cuenco de guerrera
quemándome
en el caldero inevitable de tu imperio.