Yo, hombre soltero joven y exitoso
buen mozo, enamorado de quien no me debía enamorar.
Adornar sus noches de placeres y gozos
eran mis maneras más exactas de amar.
Ella, una joven hermosa, risueña pero casada,
olvidaba su anillo cuando me veía pasar.
Entre señas y miradas comunicadas
volaba sólo con sentirla respirar.
Así empezó ésta historia, amante oculto
de culto si se habla de engañar.
Amar cuando se ama, si no confunde
y se funde una historia de un par a impar.
Sentado en una plaza miro, suspiro y pienso;
menso… ¿Hasta cuándo seguiré con este juego?
Luego sonrío para aliviar un segundo tenso.
Denso mi aire que culpable lanza un ruego
¿Cuántas veces al mes eres mía?
Que ironía; ¿cuántas veces al mes eres de él?
Que cruel, ¿cuánto más durará ésta osadía?
Yo diría hasta que juntos firmen un papel
Cosa que jamás pasará en realidad,
la verdad es que soy feliz a veces sin tenerte.
Y aunque duela verte cuando pasas sin mirar,
es el plan que tenemos en un momento inerte.
Quizás lo amas, más que a nadie en éste mundo,
pero segundo toda la vida no pretendo ser.
Y que creer, si a veces soy rico y en otras vagabundo,
moribundo junto valor para no perecer.
Yo miro desde afuera, y se que no es fácil,
un tema frágil, y a veces difícil de comprender.
Entender que te amo y debo ser hábil,
cauto y ágil para que no nos puedan sorprender.
Es nuestro secreto, ese que cuidamos con esmero,
pero tarde o temprano tendrá que acabar.
Pues llorar a escondidas no es un acto sincero
mas bien severo en mi cobarde actuar.
Cuántas veces casi nos han sorprendido,
y nos hemos despedido de manera inusual,
es casual el escondite esta vez elegido
y erguido me camuflo sin poder respirar.
Cuántas veces dime, me he disfrazado
y camuflado en personajes para poderte tocar,
acariciar, hacerte el amor como un desesperado
acorralado por un tiempo que se ha de acabar.
Y soy esclavo de momentos. De los minutos
que brutos se marchan sin siquiera avisar.
Revisar el reloj genera un luto absoluto
y amputo mis ganas de poderme quedar.
Saber que necesito de ti para vivir, de tu sexo,
es el nexo al amor que como imán me apega a ti.
Descubrí que sin ti no hay ángulo convexo
ni pretexto que valga cuando no estás aquí.
Eres un veneno que me mantiene vigente
y latente el corazón, aunque me hagas sufrir.
Existir en tu vida tan omnipresente
se siente como amar a medio vivir.
Me basta con llenar los vacíos que te dejan
y que reflejan tus ansias al intentarme desgarrar,
la piel que en tus uñas mi espalda no queja
y maneja un éxtasis imposible de domar
Y así pasa mi tiempo, entre tu closet y mi libertad,
entre la sombra y la luz que cobija nuestra relación,
entre la acción que almacena nuestra humedad,
humedad que no alcanza a tocarte el corazón.
Y soy un perdedor oportunista en tu vida
sin salida entregado sólo a lo que me permites ser.
Envejecer a tu lado no es lo que decida
pero vuelvo a la partida, y no sé que hacer.
Y converso con el espejo, la almohada y mi mascota.
Aunque mi palabra rebota y escucho lo que quiero escuchar.
Almacenar mi deseo de tenerte me alborota
y se agota a cada instante sin siquiera meditar.
Maldita la hora que te ama la mitad que me concedes.
Tú puedes amar y olvidarlo para amarme desde tu piel.
Esa miel que es tu sudor como nube cuando llueve
y se conmueve éste orgasmo que tenemos con placer.
Maldita la hora que te ama mi piel que se esclaviza
y atemoriza entregarse así a otra mujer.
Creer que despertarás conmigo tranquiliza
y suaviza un sueño torpe de un rehén.
Soy tuyo aunque no quiera y solo a ti pertenezco,
parezco idiota queriendo creer que eres mi mujer
y en un par de horas en tu vida aparezco
y me desvanezco antes del amanecer.
Una noche te hacía el amor como siempre
y mi vientre se apretó como nunca lo hizo a diario.
El horario de tu marido cambió de repente,
rápidamente saqué boletos a tu armario.
Esta vez todo fue sumamente distinto
y por instinto yo miraba ocultando mi cabeza,
Mi certeza no fallaba esta vez, insisto
el tipo no volvió abandonar la pieza.
No pegué un ojo en toda la noche restante
y distante miraba y no me podía convencer,
a él le hacía el amor, a mí me engañaba
es la diferencia entre dos formas de querer.
A la mañana siguiente tomé mis cosas
y sin que despertaras me fui y nunca te volví a ver
no me pregunté ni siquiera si me recordabas
me fui lejos para intentar volver a nacer.
Viajé por todo Chile conociendo mil lugares.
Mujeres tuve pero no pude comprometerme
mucho menos pensaba formar hogares,
ni menos volver a jugar y esconderme.
Y así pasé siete años hasta que un día decidí volver
ya no esconder ni miedos ni culpabilidad,
la verdad es que me costó juntar valor y emprender
el camino al ayer y a una nueva realidad.
Te vi. Te veías extraña ya totalmente una señora
decora tu vientre una barriga de un nuevo ser,
me pudiste reconocer, sonreíste con demora
y la hora se detuvo pero no te pudiste detener.
A lo lejos un niño gritaba madre no llores
y yo pasmado lloré sin poderlo creer.
Ver sus ojos fue ver mi foto en colores,
era yo en miniatura viéndome correr…
Seis años tenía el muchacho
mi nombre, mis lágrimas no dejaron de caer;
hasta que entendí que cuando se decide dejar el pasado
a un lado del camino, jamás se debe volver.
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