No porque quiera mi esposa
ponerme la cornamenta
que rumerores alimenta
por hablar de cualquier cosa,
sino porque es peligrosa
la costumbre de hablar mal,
no dirán tal
(O quién sabe si dirán).



No porque el puro veneno
de las lenguas viperinas
haga sus escabechinas,
meclando entre el lodo el cieno,
sino porque nunca es bueno
el triste rumor fatal,
no dirán tal
(O quién sabe si dirán).



Y, aunque fuera verdadero
lo que las gentes comenten
o ya sea que lo inventen,
que es cosa de gran esmero,
sabiendo que no es de fuero
no hablar de forma cabal,
no dirán tal
(O quién sabe si dirán).

José Ramón Muñiz
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