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El Viaje - Capítulo 1

Poema titulado El Viaje - Capítulo 1 en la sección Prosa: Generales , de la categoría MUNDO PROSA: Relatos, ensayos, cuentos...; El VIAJE Los preparativos El viaje ya estaba decidido. Transcurría el año 1957 y Papá ya había cerrado trato con ...

Tema: El Viaje - Capítulo 1

  1. #1
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    Predeterminado El Viaje - Capítulo 1

    El VIAJE

    Los preparativos

    El viaje ya estaba decidido. Transcurría el año 1957 y Papá ya había cerrado trato con Roberto “Coco” Uthurralt, (un lejano tío político), sobre la compra de un jeep guerrero modelo 1944 que por decirlo de un modo tolerante, no alcanzó las expectativas. Después de varios meses de espera en los que Papá ya caminaba por las paredes de impaciencia, llegó el Jeep, el que indudablemente, a juzgar por su aspecto, tuvo activa participación en la Segunda Guerra Mundial, seguramente en Normandía, y después en Japón, Okinawa y Corea.
    Los motivos de la decisión se debían, a mi criterio y gracias a la perspectiva que me dan casi cincuenta años de distancia, a un conjunto de factores que dividiría según los siguientes porcentajes: En un treinta por ciento al próximo advenimiento de Alejandro (el décimo en camino) y la ya imposibilidad de alojarnos en el departamento de Cerrito 1183, que sólo tenía tres dormitorios; en un sesenta por ciento a un alto grado de paranoia antiurbana y antiburocrática, producida por veinticinco años de empleo público y diez de peronismo en la persona de mi padre, que culminaron con una hinchazón de venas, de broncas e impotencias que precipitaron la locura del éxodo; y un diez por ciento a una visión algo romántica de la vida rural, seguramente debida a buenas experiencias y recuerdos de su juventud, en tiempos pasados en la estancia “El Socorro” de los Echagüe, en su condición de invitado y amigo de los dueños.
    El problema principal era la vivienda, ya solucionado porque habiendo vendido Papá muy bien su De Soto modelo 1948 en la suma de 135.000 pesos, compró una chacra de treinta hectáreas, por intermedio del agrimensor Pommer, que fue tan convincente al exaltar las bondades del “chalet Borrini”, mansión muy conocida en la zona, de cuatro dormitorios, parquet de roble de eslavonia y generosas galerías, que sin verla cerró también trato, igual que con el jeep.
    Después de algún viaje exploratorio realizado en tren, en el que fueron Mamá y Papá munidos de papel milimetrado y cinta métrica, supimos la geometría aproximada de nuestra propiedad, en la que estaban dibujadas las cortinas de árboles existentes (tamariscos), la casa y los límites del campo.
    Se acercaba el verano y la primera avanzada la constituyeron Carlos (17) y Capi (16), quienes fueron en tren, ocupando la casa que estaba custodiada por los caseros que eran, uno, un viejo uruguayo de nacimiento y vasco de sangre, Don Leonardo Bidegain, un criollo de pura cepa y grandes bigotones blancos, y la otra una mujer deteriorada por la dura vida patagónica y de edad indefinida, Lucía. Esta pintoresca pareja acompañó los primeros meses de nuestra estadía y nos ayudó mucho en el conocimiento de nuestro nuevo territorio.
    Continuando con los preparativos del viaje en la primavera del 57, el siguiente inconveniente era la falta de lugar en el jeep para el traslado de los jefes de familia y nosotros, los siete hermanos restantes.
    Teníamos en ese entonces un acoplado metálico de dos ruedas que se enganchaba con una lanza en “V” a la bocha de acero fijada en el paragolpes del De Soto. Antes de venderlo, se guardó la bocha y oportunamente se colocó en el paragolpes del Jeep.
    Como a Papá le pareció que no podíamos viajar como carga en el acoplado, se compraron dos asientos de madera sin tapizar, en algún desarmadero de la calle Warnes. La tarea del tapizado le tocó a Mamá, quien les claveteó una cuerina, dejándolos muy aceptables. Los abulonaron a un par de listones como si fuera un trineo, frente a frente y fueron colocados en el acoplado, ocupando casi el ochenta por ciento del lugar disponible. Además el acoplado contaba con una capota cuadrada de lona, lo que daba una cierta intimidad al conjunto y solamente permitía a los pasajeros mirar hacia atrás a través de la cortina de lona enrollable que servía de cierre.
    Es necesario recurrir a la imaginación para tener una idea de la imagen final del transporte, ya totalmente acondicionado para la salida, teniendo en cuenta que se le agregaron los bultos correspondientes a nueve personas, un sinfín de cosas “que podían ser útiles”, una bicicleta que iba atada sobre la lanza del acoplado, y los víveres, más las nueve personas. En el Jeep se subieron, Papá al volante, con unos blue jeans nuevos que usaría durante los restantes años de su vida, en el asiento del copiloto Mamá, todavía no resignada totalmente y con un avanzado embarazo, en el habitáculo metálico trasero Elvira, de poco más de dos años de edad, Federico (8), futura pieza fundamental de nuestra vida en la Patagonia y creo que la quinta era María (10). En el acoplado viajabamos sentados con relativa comodidad los cuatro restantes, es decir, Elena (13), Clotilde (11), Dolores (10) y yo (15), con bastante poco espacio para colocar los pies.

    La partida


    Sentados frente a frente en el carruaje,
    así los cuatro hermanos en pandilla
    sin saber la cercana pesadilla,
    muy alegres partíamos de viaje.

    Poco a poco se alejaba este equipaje,
    del grisáceo contorno de la villa.
    Me volví a contemplar por la mirilla,
    debiendo recurrir a mi coraje;

    El paisaje se hundía acelerado,
    cada vez más grande la distancia,
    por un punto voraz, milla tras milla.

    Ví que ya se desangraba mi pasado,
    llevándose los restos de mi infancia,
    como agua que se va por la rejilla.

    Eduardo León de la Barra
    …………………………………………………………………………..

    Sigue en: http://www.mundopoesia.com/foros/pro...itulo-2-a.html
    Última edición por edelabarra; 01/07/2009 a las 18:07

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  3. #2
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    Predeterminado Re: El Viaje - Capítulo 1

    Cita por edelabarra Ver Mensaje
    El VIAJE

    Los preparativos

    El viaje ya estaba decidido. Transcurría el año 1957 y Papá ya había cerrado trato con Roberto “Coco” Uthurralt, (un lejano tío político), sobre la compra de un jeep guerrero modelo 1944 que por decirlo de un modo tolerante, no alcanzó las expectativas. Después de varios meses de espera en los que Papá ya caminaba por las paredes de impaciencia, llegó el Jeep, el que indudablemente, a juzgar por su aspecto, tuvo activa participación en la Segunda Guerra Mundial, seguramente en Normandía, y después en Japón, Okinawa y Corea.
    Los motivos de la decisión se debían, a mi criterio y gracias a la perspectiva que me dan casi cincuenta años de distancia, a un conjunto de factores que dividiría según los siguientes porcentajes: En un treinta por ciento al próximo advenimiento de Alejandro (el décimo en camino) y la ya imposibilidad de alojarnos en el departamento de Cerrito 1183, que sólo tenía tres dormitorios; en un sesenta por ciento a un alto grado de paranoia antiurbana y antiburocrática, producida por veinticinco años de empleo público y diez de peronismo en la persona de mi padre, que culminaron con una hinchazón de venas, de broncas e impotencias que precipitaron la locura del éxodo; y un diez por ciento a una visión algo romántica de la vida rural, seguramente debida a buenas experiencias y recuerdos de su juventud, en tiempos pasados en la estancia “El Socorro” de los Echagüe, en su condición de invitado y amigo de los dueños.
    El problema principal era la vivienda, ya solucionado porque habiendo vendido Papá muy bien su De Soto modelo 1948 en la suma de 135.000 pesos, compró una chacra de treinta hectáreas, por intermedio del agrimensor Pommer, que fue tan convincente al exaltar las bondades del “chalet Borrini”, mansión muy conocida en la zona, de cuatro dormitorios, parquet de roble de eslavonia y generosas galerías, que sin verla cerró también trato, igual que con el jeep.
    Después de algún viaje exploratorio realizado en tren, en el que fueron Mamá y Papá munidos de papel milimetrado y cinta métrica, supimos la geometría aproximada de nuestra propiedad, en la que estaban dibujadas las cortinas de árboles existentes (tamariscos), la casa y los límites del campo.
    Se acercaba el verano y la primera avanzada la constituyeron Carlos (17) y Capi (16), quienes fueron en tren, ocupando la casa que estaba custodiada por los caseros que eran, uno, un viejo uruguayo de nacimiento y vasco de sangre, Don Leonardo Bidegain, un criollo de pura cepa y grandes bigotones blancos, y la otra una mujer deteriorada por la dura vida patagónica y de edad indefinida, Lucía. Esta pintoresca pareja acompañó los primeros meses de nuestra estadía y nos ayudó mucho en el conocimiento de nuestro nuevo territorio.
    Continuando con los preparativos del viaje en la primavera del 57, el siguiente inconveniente era la falta de lugar en el jeep para el traslado de los jefes de familia y nosotros, los siete hermanos restantes.
    Teníamos en ese entonces un acoplado metálico de dos ruedas que se enganchaba con una lanza en “V” a la bocha de acero fijada en el paragolpes del De Soto. Antes de venderlo, se guardó la bocha y oportunamente se colocó en el paragolpes del Jeep.
    Como a Papá le pareció que no podíamos viajar como carga en el acoplado, se compraron dos asientos de madera sin tapizar, en algún desarmadero de la calle Warnes. La tarea del tapizado le tocó a Mamá, quien les claveteó una cuerina, dejándolos muy aceptables. Los abulonaron a un par de listones como si fuera un trineo, frente a frente y fueron colocados en el acoplado, ocupando casi el ochenta por ciento del lugar disponible. Además el acoplado contaba con una capota cuadrada de lona, lo que daba una cierta intimidad al conjunto y solamente permitía a los pasajeros mirar hacia atrás a través de la cortina de lona enrollable que servía de cierre.
    Es necesario recurrir a la imaginación para tener una idea de la imagen final del transporte, ya totalmente acondicionado para la salida, teniendo en cuenta que se le agregaron los bultos correspondientes a nueve personas, un sinfín de cosas “que podían ser útiles”, una bicicleta que iba atada sobre la lanza del acoplado, y los víveres, más las nueve personas. En el Jeep se subieron, Papá al volante, con unos blue jeans nuevos que usaría durante los restantes años de su vida, en el asiento del copiloto Mamá, todavía no resignada totalmente y con un avanzado embarazo, en el habitáculo metálico trasero Elvira, de poco más de dos años de edad, Federico (8), futura pieza fundamental de nuestra vida en la Patagonia y creo que la quinta era María (10). En el acoplado viajabamos sentados con relativa comodidad los cuatro restantes, es decir, Elena (13), Clotilde (11), Dolores (10) y yo (15), con bastante poco espacio para colocar los pies.

    La partida


    Sentados frente a frente en el carruaje,
    así los cuatro hermanos en pandilla
    sin saber la cercana pesadilla,
    muy alegres partíamos de viaje.

    Poco a poco se alejaba este equipaje,
    del grisáceo contorno de la villa.
    Me volví a contemplar por la mirilla,
    debiendo recurrir a mi coraje;

    El paisaje se hundía acelerado,
    cada vez más grande la distancia,
    por un punto voraz, milla tras milla.

    Ví que ya se desangraba mi pasado,
    llevándose los restos de mi infancia,
    como agua que se va por la rejilla.

    Eduardo León de la Barra
    …………………………………………………………………………..

    Quedo prendida de tu excelente narración. Es tal cual esperaba, humana, entretenida, real, pulcramente escrita, y ya despunta ser un viaje del que ninguno nos vamos a olvidar. Quedo prendida, no sé a dónde, ni por dónde, entre las piedrecitas yo me he montado algremente en la jipeta que sobrevivió dos guerras y que ahora carga, rebosante la vida!!!!!!! Exclente escrito, Eduardo!!!!

  4. #3
    Miembro del Jurado. Moderador/asesor en Foro poética clásica. Moderador/a enseñante


    edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no? Avatar de edelabarra
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    Predeterminado Re: El Viaje - Capítulo 1

    Cita por ERA Ver Mensaje
    Quedo prendida de tu excelente narración. Es tal cual esperaba, humana, entretenida, real, pulcramente escrita, y ya despunta ser un viaje del que ninguno nos vamos a olvidar. Quedo prendida, no sé a dónde, ni por dónde, entre las piedrecitas yo me he montado algremente en la jipeta que sobrevivió dos guerras y que ahora carga, rebosante la vida!!!!!!! Exclente escrito, Eduardo!!!!

    Muchas gracias, querida ERA, no sabes lo que me agarada ver que mis escritos tienen eco, sobre todo en una persona como tú, tan llena de vida y que sabes mirar profundamente...
    Las huellas marcadas en la infancia, perduran en nuestro corazón...

    un abrazo, querida amiga..
    Eduardo

  5. #4
    Poeta que no puede vivir sin el portal Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no?Ligia Calderón Romero Deja un poco para los demás no? Avatar de Ligia Calderón Romero
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    Predeterminado Re: El Viaje - Capítulo 1

    Mi estimado Edu, una gran historia, que tiene su mérito, la realidad de los hechos, una gran aventura, que disfruté a pesar de los incovenientes del viaje, es una travesía que nunca antes hice, mis travesías fueron cortas de no más de media hora, esta da gusto vivirla con el escritor, cada detalle cada pormenor, se disfruta como apunté, con todo y los inconvenientes, una prosa digna de releer por el rico paisaje que se pinta en ella.
    Encantada de conocer algo más de ti, ya te he leído varias, y tienes una bonita historia.
    Saludos mi querido Edu, ha sido toda una aventura disfrutar esta lectura.
    Abrazote en la distancia y mis cariños.
    Ligia

    Mis Reconocimientos Poéticos

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    Ligia Calderón Romero
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    Nací libre como la rosa,
    libre soy como el sol y el viento,
    alas de libre mariposa,
    libertad que siento,
    libre nací, libre he de vivir
    y libre habré de morir.

  6. #5
    Miembro del Jurado. Moderador/asesor en Foro poética clásica. Moderador/a enseñante


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    Predeterminado Re: El Viaje - Capítulo 1

    Cita por Ligia Calderón Romero Ver Mensaje
    Mi estimado Edu, una gran historia, que tiene su mérito, la realidad de los hechos, una gran aventura, que disfruté a pesar de los incovenientes del viaje, es una travesía que nunca antes hice, mis travesías fueron cortas de no más de media hora, esta da gusto vivirla con el escritor, cada detalle cada pormenor, se disfruta como apunté, con todo y los inconvenientes, una prosa digna de releer por el rico paisaje que se pinta en ella.
    Encantada de conocer algo más de ti, ya te he leído varias, y tienes una bonita historia.
    Saludos mi querido Edu, ha sido toda una aventura disfrutar esta lectura.
    Abrazote en la distancia y mis cariños.
    Ligia

    Mil gracias querida Ligia, por acompañarnos en ese viaje, que fue una verdadera epopeya de mi juventud,
    te agradezco mucho tu paso por estas páginas, un honor para mí;
    un abrazo,
    Eduardo.

  7. #6
    Poeta que no puede vivir sin el portal hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza!hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza!hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza!hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza!hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza!hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza!hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza!hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza!hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza!hadita Vas bien, muy bien, ¡que no se te suba a la cabeza! Avatar de hadita
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    Cita por edelabarra Ver Mensaje
    El VIAJE

    Los preparativos

    El viaje ya estaba decidido. Transcurría el año 1957 y Papá ya había cerrado trato con Roberto “Coco” Uthurralt, (un lejano tío político), sobre la compra de un jeep guerrero modelo 1944 que por decirlo de un modo tolerante, no alcanzó las expectativas. Después de varios meses de espera en los que Papá ya caminaba por las paredes de impaciencia, llegó el Jeep, el que indudablemente, a juzgar por su aspecto, tuvo activa participación en la Segunda Guerra Mundial, seguramente en Normandía, y después en Japón, Okinawa y Corea.
    Los motivos de la decisión se debían, a mi criterio y gracias a la perspectiva que me dan casi cincuenta años de distancia, a un conjunto de factores que dividiría según los siguientes porcentajes: En un treinta por ciento al próximo advenimiento de Alejandro (el décimo en camino) y la ya imposibilidad de alojarnos en el departamento de Cerrito 1183, que sólo tenía tres dormitorios; en un sesenta por ciento a un alto grado de paranoia antiurbana y antiburocrática, producida por veinticinco años de empleo público y diez de peronismo en la persona de mi padre, que culminaron con una hinchazón de venas, de broncas e impotencias que precipitaron la locura del éxodo; y un diez por ciento a una visión algo romántica de la vida rural, seguramente debida a buenas experiencias y recuerdos de su juventud, en tiempos pasados en la estancia “El Socorro” de los Echagüe, en su condición de invitado y amigo de los dueños.
    El problema principal era la vivienda, ya solucionado porque habiendo vendido Papá muy bien su De Soto modelo 1948 en la suma de 135.000 pesos, compró una chacra de treinta hectáreas, por intermedio del agrimensor Pommer, que fue tan convincente al exaltar las bondades del “chalet Borrini”, mansión muy conocida en la zona, de cuatro dormitorios, parquet de roble de eslavonia y generosas galerías, que sin verla cerró también trato, igual que con el jeep.
    Después de algún viaje exploratorio realizado en tren, en el que fueron Mamá y Papá munidos de papel milimetrado y cinta métrica, supimos la geometría aproximada de nuestra propiedad, en la que estaban dibujadas las cortinas de árboles existentes (tamariscos), la casa y los límites del campo.
    Se acercaba el verano y la primera avanzada la constituyeron Carlos (17) y Capi (16), quienes fueron en tren, ocupando la casa que estaba custodiada por los caseros que eran, uno, un viejo uruguayo de nacimiento y vasco de sangre, Don Leonardo Bidegain, un criollo de pura cepa y grandes bigotones blancos, y la otra una mujer deteriorada por la dura vida patagónica y de edad indefinida, Lucía. Esta pintoresca pareja acompañó los primeros meses de nuestra estadía y nos ayudó mucho en el conocimiento de nuestro nuevo territorio.
    Continuando con los preparativos del viaje en la primavera del 57, el siguiente inconveniente era la falta de lugar en el jeep para el traslado de los jefes de familia y nosotros, los siete hermanos restantes.
    Teníamos en ese entonces un acoplado metálico de dos ruedas que se enganchaba con una lanza en “V” a la bocha de acero fijada en el paragolpes del De Soto. Antes de venderlo, se guardó la bocha y oportunamente se colocó en el paragolpes del Jeep.
    Como a Papá le pareció que no podíamos viajar como carga en el acoplado, se compraron dos asientos de madera sin tapizar, en algún desarmadero de la calle Warnes. La tarea del tapizado le tocó a Mamá, quien les claveteó una cuerina, dejándolos muy aceptables. Los abulonaron a un par de listones como si fuera un trineo, frente a frente y fueron colocados en el acoplado, ocupando casi el ochenta por ciento del lugar disponible. Además el acoplado contaba con una capota cuadrada de lona, lo que daba una cierta intimidad al conjunto y solamente permitía a los pasajeros mirar hacia atrás a través de la cortina de lona enrollable que servía de cierre.
    Es necesario recurrir a la imaginación para tener una idea de la imagen final del transporte, ya totalmente acondicionado para la salida, teniendo en cuenta que se le agregaron los bultos correspondientes a nueve personas, un sinfín de cosas “que podían ser útiles”, una bicicleta que iba atada sobre la lanza del acoplado, y los víveres, más las nueve personas. En el Jeep se subieron, Papá al volante, con unos blue jeans nuevos que usaría durante los restantes años de su vida, en el asiento del copiloto Mamá, todavía no resignada totalmente y con un avanzado embarazo, en el habitáculo metálico trasero Elvira, de poco más de dos años de edad, Federico (8), futura pieza fundamental de nuestra vida en la Patagonia y creo que la quinta era María (10). En el acoplado viajabamos sentados con relativa comodidad los cuatro restantes, es decir, Elena (13), Clotilde (11), Dolores (10) y yo (15), con bastante poco espacio para colocar los pies.

    La partida


    Sentados frente a frente en el carruaje,
    así los cuatro hermanos en pandilla
    sin saber la cercana pesadilla,
    muy alegres partíamos de viaje.

    Poco a poco se alejaba este equipaje,
    del grisáceo contorno de la villa.
    Me volví a contemplar por la mirilla,
    debiendo recurrir a mi coraje;

    El paisaje se hundía acelerado,
    cada vez más grande la distancia,
    por un punto voraz, milla tras milla.

    Ví que ya se desangraba mi pasado,
    llevándose los restos de mi infancia,
    como agua que se va por la rejilla.

    Eduardo León de la Barra
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    AYYYYYYYYY abue
    bello
    con lo que me encantan lso viajes
    sin embargo siempre hay peripecies,
    anecdotas, pesadillas como lo decis
    que enriquecen la experiencia,
    la vida, el mismo viaje
    la vida es bellaaaaaaaaaa
    cn dificultades y todos
    y lo que es un tormento, luego
    se convierte en una encdota que contar
    gracias por dejar ver tu pericia narrativa
    saluditos mil

    NO OLVIDES QUE TE QUIERO MUCHO

    HADITA

    Mis Reconocimientos Poéticos


  8. #7
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    Predeterminado Re: El Viaje - Capítulo 1

    Cita por hadita Ver Mensaje
    AYYYYYYYYY abue

    bello
    con lo que me encantan lso viajes
    sin embargo siempre hay peripecies,
    anecdotas, pesadillas como lo decis
    que enriquecen la experiencia,
    la vida, el mismo viaje
    la vida es bellaaaaaaaaaa
    cn dificultades y todos
    y lo que es un tormento, luego
    se convierte en una encdota que contar
    gracias por dejar ver tu pericia narrativa
    saluditos mil

    NO OLVIDES QUE TE QUIERO MUCHO


    HADITA

    Me emociona tu comentario, querida Hadita, en ese entonces, (ya hace más de 50 años, yo tenía tu edad, imagínate lo que era dejar todas tus amistades, todos tus parientes, y salir por tiempo indefinido a un ligar frío, inhóspito y extraño, en condiciones precarias, sin caminos, y a la buena de Dios..
    Me encanta que compartas esta experiencia, leyéndome;
    Muchísimas gracias,
    yo tambien TQM;
    un beso,
    Eduardo.

  9. #8
    Poeta que considera el portal su segunda casa cristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgullosocristobal monzon lemus tiene mucho de que estar orgulloso Avatar de cristobal monzon lemus
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    Predeterminado Re: El Viaje - Capítulo 1

    Interesante paisaje de un dibujo bien logrado en tu cuadro bien pintado de tu, alegre, emocionante, duro, y largo viaje, pero por los recuerdos escritos y por inolvidable, fue del todo muy gradable. A veces la incomodidad es una excelente experiencia, en la vida y queda tan grabado en la mente que jamás se olvida. Y el cierre de esa historia con tan excelente poema, es como se dice, cerrar con broche de oro. Felicitaciones Eduardo y mi fraternal saludo. Crimolem.

  10. #9
    Miembro del Jurado. Moderador/asesor en Foro poética clásica. Moderador/a enseñante


    edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no?edelabarra Deja un poco para los demás no? Avatar de edelabarra
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    Predeterminado Re: El Viaje - Capítulo 1

    Cita por cristobal monzon lemus Ver Mensaje
    Interesante paisaje de un dibujo bien logrado en tu cuadro bien pintado de tu, alegre, emocionante, duro, y largo viaje, pero por los recuerdos escritos y por inolvidable, fue del todo muy gradable. A veces la incomodidad es una excelente experiencia, en la vida y queda tan grabado en la mente que jamás se olvida. Y el cierre de esa historia con tan excelente poema, es como se dice, cerrar con broche de oro. Felicitaciones Eduardo y mi fraternal saludo. Crimolem.
    Es como tú dices estimado Cristobal, estas vivencias han quedado grabadas en la mente,
    no sólo mía sino de mis hermanos y aún hoy,
    son tema de nuestras conversaciones y motivo de unión;
    muchas gracias por venir a compartirlo.
    Un saludo cordial,
    edelabarra

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