Ese día iba a estrenar bata después de más de dos meses de usar diariamente la misma. Esperó hasta último momento para ponérsela.
Dejó el coche en el primer hueco que vio del aparcamiento subterráneo, bajó del coche y con cierto aire ceremonial sacó la prenda blanca del perchero. Planchada.

Se abrochó la insignia de metal barato: “Dr. David Junquera”, se colocó las gafas que confirmaban su aspecto de médico experimentado y enfiló hacia el ascensor.
Estaba totalmente decidido, ese día lograría hacerlo; hacía justo una semana que había cambiado de horario y de planta; repetía el evento con la misma enfermera y hoy consumaría el hecho.

El ascensor tardó en llegar y abrió sus puertas vacío, penetró resuelto y altivo sabiendo que la máquina se pararía en el segundo nivel. Puerta cerrada, temperatura genital en ascenso.
Y no fue traicionado, la puerta volvió a abrirse dejando entrar a la hermosa y atractiva enfermera, tripulante que no esperó un segundo después de cerrarse las puertas para detener el ascensor y lanzarse a lamer toda parte expuesta de la anatomía galena.

El Dr. Junquera la detuvo y sentenció: “Hoy lo haremos, ya basta de preámbulos”
La voluptuosa hembra asintió con mirada lujuriosa y le asestó un paño frío en los morros.
Serénate, estás demasiado caliente y así no podremos hacer nada –dijo sonriendo.



El doctor despertó en una sala y por lo que pudo ver en primera instancia, era muy amplia, de hecho no podía distinguir dónde empezaba y/o acababa el recinto.
Sumido en la más profunda confusión intentó incorporarse, pero un dolor agudo en la parte posterior de la cintura se alió con responsables ataduras para no dejar que articule mayor movimiento.
A punto de gritar solicitando atención a sus interrogantes se vio recompensado por el acercamiento presuroso de su amiga del ascensor.

-Tranquilo Miguel, todo va a salir bien; ahora relájate que ha dado comienzo el principio del fin.

-¡¿Qué?! ¡¿Dónde estoy?! ¿Qué ha pasado? ¿Miguel? ¿Cómo es que sabes mi verdadero nombre?

-Tranquilo, relájate.
Estás en el mismo hospital que hace poco más de dos meses frecuentas haciéndote pasar por médico para ligar con las enfermeras.
El centro es gigante, pero no tanto como para no saber aprovechar al máximo las sanas inclinaciones de gente como tú.
Además desbordas idoneidad para una buena causa, el seguimiento que se te ha hecho revela que nadie reclamará tu ausencia. Salvarás muchas vidas y nos harás millonarios.
Este pabellón está lleno de tus colegas, divididos por estadios.
Dado tu fenomenal estado de salud, tardarás un poco más en abandonarnos ya que recién hemos dado cuenta de un riñón; en cuanto estés listo seguiremos con todo lo que puedas donar antes de despedirte con los honores que merecen cada uno de vosotros.

¿Quieres que te encienda el televisor?