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El profesor Coco era un cocodrilo científico con patas de ornitorrinco, aquel día estaba peculiarmente inquieto por la culminación de su nuevo invento, pero…. ¿Qué será? Nadie lo sabía hasta ese instante, ni yo que fui su único asistente. Me fijé en su rostro y vi a través de aquellos anteojos redondos y pequeños cómo brillaban sus ojos con gesto de genialidad, él usaba siempre una bata blanca y un corbatín pequeño que parecía apretarle pues constantemente los iba desalojando del grueso cuello. Me miró pensativo y preguntó:El científico Coco
- ¿Llegaron las baterías de Ion-litio?
- No Señor – repliqué- pero los tendremos hasta antes del amanecer.
- Bien- dijo mientras caían gruesas gotas de sudor sobre su sien- por favor necesito un poco H2O (agua, bebida suntuosa para ocasiones especiales).
- Enseguida tío, digo… Profesor – No le gustaba que le diga tío aunque sí lo era, y yo su cocodrilito sobrino, pero con patas normales.
- ¡Ah! Que refrescante- dijo vaciando de un solo trago el vaso que era auto reciclable que se esfumó inmediatamente.
Estábamos caminando por los años 2200, recuerdo que fui obligado contra mi voluntad, por mis padres a interrumpir mis horas de diversión con el fin de “aprender” del nuevo genio en la familia. Coco el tío profesor se pasaba encerrado en su laboratorio, él hacía invenciones, pero a los demás no les importaba para nada sus productos tales como:
Gafas para mirar extramuros, burbujas voladoras tele transportadoras, un árbol sintético donde crecían vitaminas, un balón de fútbol teledirigido, un bolígrafo que escribía lo que le dictaban, y así un montón de inventos que nadie usaba.
Tío Coco era un cocodrilo mutante de color verde, como ya les dije usaba un corbatín gato, sombrero negro, bata y guantes blancos; antes era normal como cualquier cocodrilo feroz del lago, hasta que un día fue atrapado por unos científicos humanos, alguien le hizo un transplante del cerebro y desde ese entonces era considerado totalmente loco y ermitaño, para mí él era divertido porque me contaba historias interesantes.
Yo vivía en la aldea global STARSCO 33 una ciudad vertical con enormes "edificios inteligentes" que eran optimizados mediante computadores para usar la información, iluminación, climatización y la seguridad; tenía enormes corredores aéreos y viales de comunicación interplanetaria, enmarañados entre sí como grandes telarañas.
Algunas horas del STARSCO 33 estaba una de las reservas de bosque que había quedado en el planeta, donde vivía el Profesor tío Coco. Con el rostro serio y en silencio continuaba trabajando y me atreví a romper el mutismo con una pregunta:
- Profesor ¿cómo eran antes los bosques?
- Eran extensos y verdes, el hogar de muchos seres humanos, el hábitat de innumerables especies vegetales y animales, un elemento crucial para la estabilidad del clima, para asegurar el suministro de agua, para la conservación de los suelos- suspiró con una mirada triste y musitó- pero poco a poco…- guardo un rabioso silencio.
- ¿Que pasó poco a poco?
- En todo el mundo los bosques iban desapareciendo a una velocidad alarmante, se habían convertido en meros depósitos de madera a la espera de ser cortada para aumentar la rentabilidad de las corporaciones. A pesar de los enormes esfuerzos su conservación no ha prevalecido sobre los beneficios económicos de aquellas corporaciones.
- ¿Qué eras aquellas corporaciones tío, digo profesor?
- Un grupo de individuos con privilegios especiales- refunfuñó con gesto de enojo.
Vivía en aquel extraño bosque acompañado de su fiel mayordomo Mosco, también mutante producto de experimentos humanos quedo con aspecto repulsivo pues parecía una mosca gigante, hablaba con zumbidos, y cuando caminaba se oía siempre aquel ruido de mosca ¡Bizzzzzzzzzzzzzzzzz!
- ¿Le zzzzzirvo la rrrrrrena Zzzzzzzeñor?- Preguntó mientras agitaba las pequeñas alas en su espalda.
- No Mosco hoy trabajaré hasta acabar- Respondió el Profesor Coco. Mosco me miró con sus múltiples ojos, y me apresuré a responderle:
- No, ya cene gracias- Se alejó casi volando y con un bostezzzzzzzzzzzo adormilado.
Realmente, las horas era una eternidad en aquella cueva, yo muerto del sueño quedé profundamente dormido, hasta que…
- ¡CHACAPUUUUUM! – sonó como si una bomba explotará y yo desperté sobresaltado.
- ¡Lo hice! ¡Lo logre!- me dijo con su rostro cansado pero feliz.
Eran dos androides uno con aspecto femenino y otro masculino, parecían niños humanos. (continuará....)
Respuesta: El científico coco Seguire este cuento CORINTIOS.Un placer pasar por tus letras, un abrazote
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Respuesta: El científico coco Gracias rosa por haber leído este cuento, gracias por animarme a concluir este cuento.
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