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Te adivino en silencio,
calladita.
Mejor así,
prostituta de bajos vuelos,
que con tus enormes pechos
y tu voluptuoso sexo
hieres mi mirada
y me atraes a tu terreno,
al exceso,
al placer,
a la desesperación,
a la deriva.
Mi nave es segura,
de buena madera.
Timón difícil
pues el...