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Extraño el mar y su furia contra la muralla,
la espuma que salta en puntillas blancas
y el horizonte opacado por la bruma mañanera.
Cierro los ojos, sueño despierta
y el olor salvaje me llega
es un viento imaginario que me despeina, me estremece.
Frío, yodo, algas y caracoles, vuelan...
El sol agonizaba en tus ojos,
habitaba el frío en tus manos
y no me daba cuenta
que lentamente te alejabas.
Se te iba la vida
la muerte se asomaba en tu sonrisa
y mi pecho apresaba un dolor
indecible,
seco como piedra.