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No sé si fue el viento,
ese que enreda caminos y deshoja mañanas,
o si fue el eco de algún sueño olvidado
quien me trajo hasta tu pecho,
donde el mundo perdió su borde.
No sé si agradecerle al azar,
que danza ciego entre las horas,
o a esa marea invisible que empuja las almas
sin que sepan que...
Traes en los hombros un bosque calcinado,
raíces que tiemblan al borde del abismo,
y tus manos, amor, cargan espinas
que el tiempo sembró con su filo insistente.
Pero yo, desde el borde de tus silencios,
he decidido ser semilla en tu tierra herida.
Cubro tus grietas con pétalos de jacinto,
tejo...