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Volver hasta tus brazos...
¡Qué clase de puñetas
me invento a veces!
Eso es porque me sobra tiempo,
porque el espacio de las dos y las siete
es un caballo oscuro,
un establo de pretextos
donde creer lo que ansío
me juega malas pasadas.
Que me dijeras "Te amo"
¡Ah no bueno!
Vaya que soy...
Honestamente: me jodes.
¿Cómo negarlo?
¿Cómo decirlo de otra forma?
Te pones los tacones a las cinco
y cuando miro y me acuerdo,
ya son las dos de la mañana.
Y entonces me jodes...
Pero uno no puede ser cordero;
jamás se puede ser la gris bacteria
que se pegue a tu bolso,
no puedo pretender...