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Imagina un muñeco de trapo,
maltrecho, abandonado,
deslizándose de la mano,
de su acompañante, su amigo,
que huyendo aterido
del cruel agresor, tuvo que dejarle tirado,
al borde del camino.
Hoy tuve una pesadilla,
manto negro, que se ciñe sobre la mente,
bruscos golpes de corazón desbocado,
realidad que no se admite, pero sí se asume.
Se acerca una espesa niebla,
le precede un olor plomizo, asfixiante.
Entonces te despiertas.