manumalversación
Poeta fiel al portal
Extienden su brazo,
sus manos cóncavas saborean cicatrices
bajo el fruto metálico de tu desgracia,
infinitamente más justa que sus harapos.
En un palacio por los suelos
los espejos de agua
reflejan la suerte de un cielo medrado,
hay quien mira la vida
a través de los charcos:
el lujo de un beso,
la belleza del aguijón por el que se mata,
la condena en la solapa
y la tremenda sonrisa bajo techo.
Nos buscan los ríos morados del mármol
hasta llenar de varices nuestras columnas,
sostienen una chabola en el pecho,
una diástole polvo, una nube vacía,
un ataúd de oro...
el canon que nos rije no deja su huella
entre corazas de lentejas y garbanzos.
Cuando abraces el instante eterno
injerta en él tu símbolo,
si eres capaz...
sus manos cóncavas saborean cicatrices
bajo el fruto metálico de tu desgracia,
infinitamente más justa que sus harapos.
En un palacio por los suelos
los espejos de agua
reflejan la suerte de un cielo medrado,
hay quien mira la vida
a través de los charcos:
el lujo de un beso,
la belleza del aguijón por el que se mata,
la condena en la solapa
y la tremenda sonrisa bajo techo.
Nos buscan los ríos morados del mármol
hasta llenar de varices nuestras columnas,
sostienen una chabola en el pecho,
una diástole polvo, una nube vacía,
un ataúd de oro...
el canon que nos rije no deja su huella
entre corazas de lentejas y garbanzos.
Cuando abraces el instante eterno
injerta en él tu símbolo,
si eres capaz...