Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para no perderte,
te amo como si te idealizara
sin poder conseguirte;
o como si teniéndote,
por mi absoluta culpa
te hubiese perdido para siempre.
Para no perderte,
escucho tus proezas laborales
y todo lo que pretendes de mí,
además de mi carne,
mi sangre y el total olvido
de mi pasado amoroso.
Para no perderte,
escribo poesía en el baño
en febriles runas
en la oscuridad.
Y cuando llegas,
como a fortuita amante ocasional,
deslizo mi musa por el balcón.
Para no perderte,
comparto tu música inverosímil,
y cuando luego de un par de copas
logro convencerte
de mi música “retrógrada”,
arrobada con ella,
debo hacerte el amor.
Para no perderte,
encima que tú,
intuitivamente segura de mi amor,
poco haces para no perderme,
debo admitir a gusto tuyo, que:
“me amas mucho más que yo a ti”.
Para no perderte,
cuando te viene, yo,
‘por regla’, debo poner mis ojos
de peluche triste, (según tú)
más tristes aún,
en tanto ruego íntimamente
a las palomas en la cornisa,
que me enseñen a volar.
Para no perderte,
por sincera milésima vez,
te reconfirmo el inmenso placer
de haberte conocido;
lo cual es tan, tan verdad; pues,
de nunca haberte hallado, amor,
¡cómo te hubiese perdido!
te amo como si te idealizara
sin poder conseguirte;
o como si teniéndote,
por mi absoluta culpa
te hubiese perdido para siempre.
Para no perderte,
escucho tus proezas laborales
y todo lo que pretendes de mí,
además de mi carne,
mi sangre y el total olvido
de mi pasado amoroso.
Para no perderte,
escribo poesía en el baño
en febriles runas
en la oscuridad.
Y cuando llegas,
como a fortuita amante ocasional,
deslizo mi musa por el balcón.
Para no perderte,
comparto tu música inverosímil,
y cuando luego de un par de copas
logro convencerte
de mi música “retrógrada”,
arrobada con ella,
debo hacerte el amor.
Para no perderte,
encima que tú,
intuitivamente segura de mi amor,
poco haces para no perderme,
debo admitir a gusto tuyo, que:
“me amas mucho más que yo a ti”.
Para no perderte,
cuando te viene, yo,
‘por regla’, debo poner mis ojos
de peluche triste, (según tú)
más tristes aún,
en tanto ruego íntimamente
a las palomas en la cornisa,
que me enseñen a volar.
Para no perderte,
por sincera milésima vez,
te reconfirmo el inmenso placer
de haberte conocido;
lo cual es tan, tan verdad; pues,
de nunca haberte hallado, amor,
¡cómo te hubiese perdido!
Última edición:
:: Wuaoooooo amigo de lo que me estaba perdiendo al leerte, un gusto amigo me encanto tu escrito...me seguire paseando por estos lares...gracias por compartir tan bellos escritos...