Después de todo es un poco complicada la despedida
y en cambio dura para siempre, es largo, más que la vida,
se supone así tan gris, como un espacio que no se entiende,
éste preciso momento contra todos los tiempos el enredo de la luz,
del horario y de los automóviles en las calles.
Existen las despedidas en trechos, las alegres, las negras, y la que
te cortan
de un simple adiós todo los pasos, urgentes
los proverbios y siempre guardamos el espíritu disimulado
esos que anuncian la hora del olvido, y que sopla lento, lento,
lento.
En cambio las que son largas no tienen horarios
ni ecuaciones de divergencia,
mas bien siguen sin parar hasta su única solución,
esto sin ser la triste historia ligada a nuestros nombres,
quiero decir a mi nombre, a mis heridas,
y la historia que escribe de forma perceptible
cada diecinueve de octubre el palpitar de toda melodía en los
grandes espacios.
A estas alturas son veintiún escalones
y como doce mil despedidas en la mente
porque he visto las épocas de largo placeres, de agitar ese sosiego
y temblar con los ritmos de las palabras de cada verso de una
pareja.
Es a veces necio con sus propios miembros y otros apellidos,
sus propias maneras, y sus tibias alucinaciones.
He aquí todas las maneras, yo,
de las que corresponden a parejas corrientes y otras no tantas
de vida común y un extraordinario sentido de la ausencia,
alguien me viste, la vida, de perlas
y en casos de otras perlas que son menos comunes
y es luz, irradiación, albor,
y otras formas de colores que viene de algunas que ya no existen.
Cuando conocí que estaba vivo, tenia mas o menos una hora de
vida,
y un perro me lamió las manos que a todos los sentimientos
servía de peludo, yo tenía cerebro, corazón, y otros órganos
necesarios para sentir,
y supe dentro de mis venas que estaba destinado,
mejor hablado, que era su destino
todavía no sé cual es la diferencia.
Así el alma, esa conocida por las sombras de los cuerpos
ya no termina entre los hombres
sigue lenta palpando los sitios que tienen orilla
hasta llegar al sitio donde ya no hay infinito,
y saborear con actitud las formas de un silencio,
que también es largo o casi infinito para decirlo mejor,
que integra un pedazo de todos nuestros pasos.
La despedida, de un pedazo de tierra
que existe en los sitios donde nacer es fácil
y sin embargo no descansa,
por ejemplo mi lugar de vida
es agarrado de sus manos, que son invisibles, a la luz,
y solo es capaz de romper sus nieblas, y atravesar
una tarde de ocaso vehemente alguien que hace muecas
y acostado de lado en sus espaldas, lee las culpas del próximo
tiempo de lluvia.