JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
Soy un contador de estrellas.
Sí, de esos puntitos blancos
brillantes y enanos
que en las noches sin luna
se ven más grandes y claros.
¿Te parece, amor, extraño?
Ah!... y también cuento cometas,
meteoros, luceros...
y otros asteroides raros
que de vez en cuando
se cruzan ante mis ojos
cuando te estoy amando.
Puedo pasarme horas
contando estrellas.
En algunas noches claras
¡hay tantas! que no acabo.
Y me sorprende la madrugada
pintando de azul el cielo
y con algunos astros a lo lejos
sin ser aún contados.
Entonces me pongo serio
y le digo al Sol que no sea malo...
-¡que me quedan cuatro,
que son cuatro tan solo!-
que ya le contaré también a él
cuando pueda en otro rato.
Y si tengo suerte me hace caso.
Me mira entonces de reojo,
como simulando un enfado,
y haciéndose el despistado
se queda un ratito parado
sobre la línea del horizonte
como un pajarito en un alambre
esperando resignado
a que yo por fin acabe.
Otras noches sin quererlo
soy un contador en paro.
Las nubes, la niebla
y otras veces tus manos
me impiden con su manto
seguir mirando.
Pero...
como soy un contador de estrellas
inmune al desaliento
me las imagino yo solito
brillando allá en lo alto.
Y las cuento de memoria,
con los ojos cerrados...
Polar, Sirio, Casiopea,
Andrómeda, Vega, Fugaz...
Fugaz?... ¡Nooo, Fugaz no es una estrella!
Fugaces son las lagrimitas del cielo
que caen a la Tierra
sin llegar al suelo.
¿Y los planetas?
¡Claro!, a esos también los veo.
Los enumero en silencio
con un párpado bajado
y los señalo maleducado
con la punta de mi dedo.
Son nueve. A la Luna no la cuento.
Marte, Urano,
Plutón, Mercurio...
Son tan pocos
que los acabo muy pronto.
Y así tengo toda la noche
para contar uno por uno
los miles de anillos turbios
del cuello gordo de Saturno.
Y...
¡Para qué seguir contando!
¡Si ahora comprendo
porqué tiritan estrellas
como candelas en lo alto!
¡Si ahora entiendo
porqué giran los planetas
en torno a un globo dorado!
¡Si ahora caigo
porqué te echan de menos
los besos que no nos damos!
Soy un contador de estrellas,
de galaxias y de planetas.
A veces también cuento
constelaciones, firmamentos...
y los satélites pequeños
que caen de tus ojos
cuando te estoy queriendo.
...
¡No seas chiquillo!
-recuerdo me decías-
¡No hagas tonterías
que vas a quedarte ciego
de tanto mirar al cielo!
Pero yo contaba estrellas
al tiempo que te besaba
y con el alma te decía
que lo más tierno de mi vida
era sentirme un niño
pidiéndote que me abrazaras.
Y cuando llegaba la madrugada
y la luz del día encendía
hacía del sueño un ovillo
y lo ponía junto a la almohada
para dormirme un ratito
con mis dos seres queridos:
Tú, mi amor sereno,
mi candela en el alma.
Y Él, mi dulce Nazareno,
mi lucero del alba.
Pero llegará ese día
que ponga fin a la vida
y haga detener por siempre
los astros en el recuerdo.
Entonces te subiré a la grupa
del Sol en mi montura
y veremos alejarse el mundo
con rumbo al Amor eterno.
Y desde allá arriba,
desde un cometa pequeño
contaré por fin a la Tierra
que... de tan cerca,
por no verla,
y por tenerte a ti en medio
es el único planeta,
vida mía,
que hoy en día
no cuento.
...
..
.
Sí, de esos puntitos blancos
brillantes y enanos
que en las noches sin luna
se ven más grandes y claros.
¿Te parece, amor, extraño?
Ah!... y también cuento cometas,
meteoros, luceros...
y otros asteroides raros
que de vez en cuando
se cruzan ante mis ojos
cuando te estoy amando.
Puedo pasarme horas
contando estrellas.
En algunas noches claras
¡hay tantas! que no acabo.
Y me sorprende la madrugada
pintando de azul el cielo
y con algunos astros a lo lejos
sin ser aún contados.
Entonces me pongo serio
y le digo al Sol que no sea malo...
-¡que me quedan cuatro,
que son cuatro tan solo!-
que ya le contaré también a él
cuando pueda en otro rato.
Y si tengo suerte me hace caso.
Me mira entonces de reojo,
como simulando un enfado,
y haciéndose el despistado
se queda un ratito parado
sobre la línea del horizonte
como un pajarito en un alambre
esperando resignado
a que yo por fin acabe.
Otras noches sin quererlo
soy un contador en paro.
Las nubes, la niebla
y otras veces tus manos
me impiden con su manto
seguir mirando.
Pero...
como soy un contador de estrellas
inmune al desaliento
me las imagino yo solito
brillando allá en lo alto.
Y las cuento de memoria,
con los ojos cerrados...
Polar, Sirio, Casiopea,
Andrómeda, Vega, Fugaz...
Fugaz?... ¡Nooo, Fugaz no es una estrella!
Fugaces son las lagrimitas del cielo
que caen a la Tierra
sin llegar al suelo.
¿Y los planetas?
¡Claro!, a esos también los veo.
Los enumero en silencio
con un párpado bajado
y los señalo maleducado
con la punta de mi dedo.
Son nueve. A la Luna no la cuento.
Marte, Urano,
Plutón, Mercurio...
Son tan pocos
que los acabo muy pronto.
Y así tengo toda la noche
para contar uno por uno
los miles de anillos turbios
del cuello gordo de Saturno.
Y...
¡Para qué seguir contando!
¡Si ahora comprendo
porqué tiritan estrellas
como candelas en lo alto!
¡Si ahora entiendo
porqué giran los planetas
en torno a un globo dorado!
¡Si ahora caigo
porqué te echan de menos
los besos que no nos damos!
Soy un contador de estrellas,
de galaxias y de planetas.
A veces también cuento
constelaciones, firmamentos...
y los satélites pequeños
que caen de tus ojos
cuando te estoy queriendo.
...
¡No seas chiquillo!
-recuerdo me decías-
¡No hagas tonterías
que vas a quedarte ciego
de tanto mirar al cielo!
Pero yo contaba estrellas
al tiempo que te besaba
y con el alma te decía
que lo más tierno de mi vida
era sentirme un niño
pidiéndote que me abrazaras.
Y cuando llegaba la madrugada
y la luz del día encendía
hacía del sueño un ovillo
y lo ponía junto a la almohada
para dormirme un ratito
con mis dos seres queridos:
Tú, mi amor sereno,
mi candela en el alma.
Y Él, mi dulce Nazareno,
mi lucero del alba.
Pero llegará ese día
que ponga fin a la vida
y haga detener por siempre
los astros en el recuerdo.
Entonces te subiré a la grupa
del Sol en mi montura
y veremos alejarse el mundo
con rumbo al Amor eterno.
Y desde allá arriba,
desde un cometa pequeño
contaré por fin a la Tierra
que... de tan cerca,
por no verla,
y por tenerte a ti en medio
es el único planeta,
vida mía,
que hoy en día
no cuento.
...
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