AIBAEZA
Poeta adicto al portal
Se muere la tarde.
Voy a correr los visillos
Voy a correr los visillos
que se alzan como sudarios
Y me vuelvo a mirarte.
Y me vuelvo a mirarte.
También en tus ojos
se mueren las horas.
se mueren las horas.
Apenas los labios musitan
- ¿dónde tu voz? - entiendo
tu llamada sorda
- ¿dónde tu voz? - entiendo
tu llamada sorda
Leche de almendras
que te alimente, leche
de vida para blanquear
tu piel amarilla - ¿dónde
tu piel tostada?... Lloras
que te alimente, leche
de vida para blanquear
tu piel amarilla - ¿dónde
tu piel tostada?... Lloras
sólo con los párpados.
No quieres llorar, lo sé,
pero estás llorando.
No quieres llorar, lo sé,
pero estás llorando.
No son tuyos los ojos
ni las lágrimas,
ni las manos de hambre
que en la cocina reinaban.
ni las lágrimas,
ni las manos de hambre
que en la cocina reinaban.
Se muere la tarde.
Avanza la muerte sorteando
mil precipicios abiertos
en los huesos de tu cara,
Avanza la muerte sorteando
mil precipicios abiertos
en los huesos de tu cara,
cortando,
riendo,
bailando
riendo,
bailando
Te daría palabras para decirle
que no hay nada que entregarle,
que no estás, que te has ido
hace semanas, que no es trofeo
tu cuerpo diezmado y exangüe.
Se va muriendo la tarde.
Lloras leche de almendras
mientras me das más que palabras
para ahuyentar a las parcas cobardes.
que no hay nada que entregarle,
que no estás, que te has ido
hace semanas, que no es trofeo
tu cuerpo diezmado y exangüe.
Se va muriendo la tarde.
Lloras leche de almendras
mientras me das más que palabras
para ahuyentar a las parcas cobardes.
Palabras que no te dije
como navajas que matan la tarde.
como navajas que matan la tarde.