¡Cuanta soledad deshabitada de Nadie(s), siquiera de esos fantasmas de Nadie(s): sus ausencias!. Y menos aun sé si llamarla soledad, buscarle sinonimos o anclarla como nada, vacio o muerte. Aciago Ventrílicuo condenado a darle palabras a un muñeco eternamente en silencio de su propio silencio y estar forjado a reconocer que no necesita consentimiento. Lo malo del poema es que sé, intimamente, que no se puede escribir algo asi sin tener cierta experiencia de lo escrito en propia carne, por exigua que sea... Lo bueno es que he leido un gran poema, un gran poema...
Saludos afectuosos. Espero volverte a leer.




Retorcido


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