Santos Fernández
Poeta recién llegado
Ilumi
a La Habana
Si acariciarle deseas,
ven y toca sus portales
sin paseos desvirtuados
hacia los bellos parajes
sino aquellos que adornan
con brea y leña, puntales.
Para oírle, ciertamente,
no tendrás lenguaje claro
pues de ateos y creyentes
oraciones o blasfemias
son idiomas susurrados
que no se aprenden al viento
ni en tiempo corto agitado.
Si conocerle quisieras,
traza tu andar por las calles
con clamores en esquinas
y de intrusos pedregales,
maldecidos insolentes,
a la caza de mortales.
Saciar pasiones, quizás,
con idilios nocturnales
nacidos en desafueros
por embrujos tropicales,
pero no tendrás Amor
y será inútil la espera
pues no nace en el fervor
tan urgido de razón
en alcobas frías queda.
Oler su cuerpo pudieras,
si transitas por los barrios
donde voces cantan mudas
en eterno suspirar,
por veredas ilusorias
como la noche y el día,
siempre de vuelta al llegar.
Para sentir a La Habana
y adorarla en la memoria,
tendrás que abrirle tu pecho
al escuchar en sus brazos
como reclama reposo
de su afanado bregar,
arrastrando penas miles
por las veredas impías
que renuncian soledad.
Y si tu anhelo es recabar
su verdad más cierta y dura,
obstinada en ocultar
el dolor y desventura
al ver sus hijos marchar,
navegar será en raudal
por populosas arterias
del alma que valiente y pura
enaltece a la Ciudad
Santos Fernández
Poemario
Los Insomnes Ilusos
VIII PCAPA-89988-p42/43.2008
a La Habana
Si acariciarle deseas,
ven y toca sus portales
sin paseos desvirtuados
hacia los bellos parajes
sino aquellos que adornan
con brea y leña, puntales.
Para oírle, ciertamente,
no tendrás lenguaje claro
pues de ateos y creyentes
oraciones o blasfemias
son idiomas susurrados
que no se aprenden al viento
ni en tiempo corto agitado.
Si conocerle quisieras,
traza tu andar por las calles
con clamores en esquinas
y de intrusos pedregales,
maldecidos insolentes,
a la caza de mortales.
Saciar pasiones, quizás,
con idilios nocturnales
nacidos en desafueros
por embrujos tropicales,
pero no tendrás Amor
y será inútil la espera
pues no nace en el fervor
tan urgido de razón
en alcobas frías queda.
Oler su cuerpo pudieras,
si transitas por los barrios
donde voces cantan mudas
en eterno suspirar,
por veredas ilusorias
como la noche y el día,
siempre de vuelta al llegar.
Para sentir a La Habana
y adorarla en la memoria,
tendrás que abrirle tu pecho
al escuchar en sus brazos
como reclama reposo
de su afanado bregar,
arrastrando penas miles
por las veredas impías
que renuncian soledad.
Y si tu anhelo es recabar
su verdad más cierta y dura,
obstinada en ocultar
el dolor y desventura
al ver sus hijos marchar,
navegar será en raudal
por populosas arterias
del alma que valiente y pura
enaltece a la Ciudad
Santos Fernández
Poemario
Los Insomnes Ilusos
VIII PCAPA-89988-p42/43.2008