Littera
Poeta asiduo al portal
Anegó la inmensa sala
el sonido del silencio,
como un armiño asedado,
como un crepúsculo bello.
Alzose entonces la reina
del trono blando y selecto,
y, robusta espada en mano,
dijo con sublime acento:
Por los poderes y arbitrios
que me otorgaron los cielos,
aquí y ahora te nombro
de Crimea caballero.
Combate a los opresores,
protege a los indefensos,
garantiza la equidad
y enmienda los desafueros;
surca procelosos mares,
recorre ardientes desiertos
y haz que de ti se orgullezca
cada hombre de tu pueblo.
Prometió el lozano Sígfrid
ser de valientes espejo
y no rendirse jamás
si hubiere sangre en el cuerpo.
Tras lo cual, en grandes voces
los presentes prorrumpieron,
ninguno triste o mohíno,
todos radiantes y ledos.