-
Un poco de paz...
Recorremos lugares, observamos gente, escuchamos diversas expresiones, nos sumimos en personales reflexiones, nos embargan algunas sensaciones.
Y guardamos en la memoria algo distinto da cada lugar, un rasgo físico que caracteriza a esa persona que nuestra atención logró captar, en nuestra mente se aferran solo aquellas palabras que generan empatía y algo de curiosidad, caemos en la cuenta de lo verdadero e importante que define nuestra forma de actuar y siempre terminamos deliciosamente golpeados por algún sentimiento esquivo que aún no hemos logrado abrazar.
Y salimos de aquel sitio donde este torbellino de situaciones nos ha hecho presos por algunas horas. Caminamos. Algunos mucho y otros solo hasta la parada de autobús. Viajamos por la ciudad hacia nuestro hogar mirando a menudo a través del vidrio como transcurre de rápido el trayecto y le comparamos con la vida misma, que es fugaz, efímera, inmediata.
Si nos fijamos un poco más, si en algún breve instante salimos de nuestro propio discernir y posamos nuestros ojos en cualquiera de las presencias que nos acompañan en aquella fría tarde comprendemos que todos nos hallamos en la misma situación y que esa situación no es temporal sino permanece con nosotros día tras día arropando nuestros cuerpos noche tras noche.
Y bajamos de aquel intercambio de miradas, de aquella interrelación que solo duró treinta o treinta y cinco minutos, de aquel cara a cara con personajes extraños que resultamos siendo nosotros mismos dependiendo nuestro estado de ánimo.
Cruzamos el umbral de nuestra casa, de nuestro rancho, de nuestro inquilinato predilecto o de aquellos cartones viejos y mal puestos. Golpeamos la puerta o solo ingresamos a través de una minúscula abertura. Miramos al interior y observamos que todo se halla situado de la misma manera como la última vez que nuestros ojos se quedaron para sí con aquella imagen y eso fue hace más de diez, doce o quizá quince horas.
Y por breves segundos entramos en otra dimensión. Con ayuda de la imaginación deseamos estar en otro lugar, en algún paraje distinto y mucho mejor, acompañados o solos y con algún extraño fervor. Empezamos a andar, a deleitarnos con lo precioso del paisaje pero risas lejanas y conocidas nos hacen volver a la realidad que hace unos instantes abandonamos.
Algo se engancha con ternura a nuestras piernas, algo nos rodea con amor la espalda, algo se posa con cariño en nuestra mejilla y algo sincero sale de unos cálidos labios haciéndonos comprender que nos encontramos con nuestra preciada familia.
La gente, los lugares, las expresiones, el viaje, la confrontación, la llegada, la leve partida hacia algo soñado se queda solo en nuestros recuerdos. Aceptamos los abrazos de nuestros hijos y el beso amoroso de nuestra pareja y logramos la tranquilidad añorada en una jornada más. Respiramos profundo, con naturalidad, con sencillez por que sentirse querido, amado, extrañado son aspectos propios de alguien que en medio de tanto desencanto y desencuentro ha logrado hallar para sí un poco de paz.
Permisos de publicación
- No puedes crear nuevos temas
- No puedes responder temas
- No puedes subir archivos adjuntos
- No puedes editar tus mensajes
-
Reglas del foro
Marcadores