-Hola, mamá ¿Cómo estas? –Dijo Raúl-
-¡Oh!, ¿eres tu hijo? –Dijo Maria sobresaltada-
-Si mamá, soy yo, Raúl, tu hijo que tanto te quiere. Ansiaba que llegase este día para verte, pero me ha sido imposible llegar antes por motivos sustanciales-
-Qué alegría me das hijo, le he rezado muchas veces a Dios para que llegase este momento, tengo tantas cosas que contarte...-Dijo Maria con lágrimas en los ojos-
-Lo sé madre, lo sé, yo también he hecho mis plegarias y como ves, teniendo fe todo se consigue –Dijo Raúl-
-¿Has visto la casa y tu habitación? Todo está como lo dejaste, no quisimos papá y yo tocar nada, para que cuando regresaras encontraras las cosas en su lugar –Comentó Maria siguiendo la conversación-
-Haber cariño, cuéntame por qué te fuiste, con nosotros nunca te ha faltado de nada y sabes que te queremos mucho. Tu padre está muy triste y ha cambiado enormemente, ha envejecido a pasos ligeros. Se echa la culpa de tu marcha y todos los días se va al final del camino a ver si regresas, no está bien hijo –Terminó diciendo su madre-
-Me disteis más de lo que merecía y no lo supe apreciar en el debido momento, quizás fue la edad o el inconformismo que tenía, no lo sé, lo que sí sé, es que mi decisión no fue la más acertada –Dijo Raúl conmovido y continuando-
-Lo siento mamá por causaros tanto daño, papá no tuvo la culpa de nada, fui yo que no tuve conciencia con lo que hacia, dile que me perdone por destrozarle el coche y que le quiero mucho -Acabó diciendo Raúl-
-Díselo tu hijo, se alegrará de verte y calmaras su dolor, pero… ¿Dime como estás? –Dijo Maria-
-Bien madre, estoy muy bien, al principio no comprendía nada pero poco a poco se han ido arreglando las cosas y no me falta de nada, es más, ¡no necesito nada!, solo echo de menos vuestro calor pero cuando llegue el momento volveremos a estar juntos los tres -Dijo Raúl con voz apagada-
-¿Qué te pasa hijo?, noto tu voz como se distancia –Dijo su madre-
-Raúl le dijo:
No es nada mamá… Dile a papá que volveré, que no se preocupe más, ahora tengo que irme, Dios solo me concedió unos instantes para hablar contigo y me ha vuelto abrir las puertas del cielo.
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