danie
solo un pensamiento...
.
Música de clavicordio, canticos celestiales,
sinfonías que glorifican el alma,
relicario de las musas graves, sensuales y espirituales.
Musas como tú.
Musa que derrocha música
que duerme al rumor de tu ternura y el perfume de tu aliento,
imprimiéndole la huella de tu feminidad al son de la clave,
mientras entran en éxtasis los dichosos que leen esto.
Tu música, letanía que enaltece el alma,
a la altura de las plegarias angelicales,
salpicado con tu sutil gracilidad,
hasta los más astutos pensamientos.
Perfume de tu aliento,
elíxir de las rosas.
Perfume que dispersa el viento
y exaspera el cuerpo.
Música que se entrega, sin artificios ni engaños;
rimas que surgen de tus huellas y recorren el cuerpo.
Que buscan con tranquilidad pero a la vez con pasión,
encender la piel con las tenues notas cristalinas de tu rezo,
un simple arrullo de cuna hasta para los oídos más necios.
Tu música de clavicordio, suavidad y misterio
que descubren su finísima fragancia
que le arrancan un eco de suspiro al tiempo.
La armonía de tus siluetas que se plasman en mi escritura,
que son simplemente deseosas
para conservarte por toda la eternidad en el tiempo.
Música entre querubines y arpas,
provenientes del cielo, que expresa delicadamente tu cuerpo;
sonido del bandolón, a los compas de un tango,
bajo la penumbrante farola,
dibujando tu feminidad en los rostros expectantes y perplejos.
Muecas de placer
bosquejadas en los rostros desfigurados,
por tus encantos de mujer.
Música inocente en forma de cuerpo de niña,
que deleita desde los lectores prolíficos
que comprenderán tus sonetos, hasta los más vulgares en el arte;
Musa, artista de tu cuerpo,
delicadeza y sensualidad que flota y se desparrama en este texto,
haciéndome el poeta más dichoso de todos los tiempos
La inspiración llega en los peores momentos
sinfonías que glorifican el alma,
relicario de las musas graves, sensuales y espirituales.
Musas como tú.
Musa que derrocha música
que duerme al rumor de tu ternura y el perfume de tu aliento,
imprimiéndole la huella de tu feminidad al son de la clave,
mientras entran en éxtasis los dichosos que leen esto.
Tu música, letanía que enaltece el alma,
a la altura de las plegarias angelicales,
salpicado con tu sutil gracilidad,
hasta los más astutos pensamientos.
Perfume de tu aliento,
elíxir de las rosas.
Perfume que dispersa el viento
y exaspera el cuerpo.
Música que se entrega, sin artificios ni engaños;
rimas que surgen de tus huellas y recorren el cuerpo.
Que buscan con tranquilidad pero a la vez con pasión,
encender la piel con las tenues notas cristalinas de tu rezo,
un simple arrullo de cuna hasta para los oídos más necios.
Tu música de clavicordio, suavidad y misterio
que descubren su finísima fragancia
que le arrancan un eco de suspiro al tiempo.
La armonía de tus siluetas que se plasman en mi escritura,
que son simplemente deseosas
para conservarte por toda la eternidad en el tiempo.
Música entre querubines y arpas,
provenientes del cielo, que expresa delicadamente tu cuerpo;
sonido del bandolón, a los compas de un tango,
bajo la penumbrante farola,
dibujando tu feminidad en los rostros expectantes y perplejos.
Muecas de placer
bosquejadas en los rostros desfigurados,
por tus encantos de mujer.
Música inocente en forma de cuerpo de niña,
que deleita desde los lectores prolíficos
que comprenderán tus sonetos, hasta los más vulgares en el arte;
Musa, artista de tu cuerpo,
delicadeza y sensualidad que flota y se desparrama en este texto,
haciéndome el poeta más dichoso de todos los tiempos
La inspiración llega en los peores momentos
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