danie
solo un pensamiento...
Sabe dios únicamente lo que será de aquella alma vagante, errante y en pena que deambula por los pasillos de la imponente noche. Ya ni las ruinas quedan, ni un desquejo de lo que era. Entumecido tal vez por el glaciar de la soledad, que empaña sus recuerdos, de una vil manera muy peculiar. Que irónico destino, lo juzga sin sensatez, nefasto y cruel a la vez. Tanto la aborreció, tanto la detesto, y a su vez tanto le temió
Nunca se imagino que sería su aliada por lo que le queda de sus días. Fiel compañera, sentada sobre su regazo, acompañándolo a donde el valla, única consorte que no lo juzga sin razón. Su única amiga en este desafío final.
El padre tiempo lo observa detenidamente con su péndulo oscilante, su respiración se esfuerza, producto del viento helado que le sopla la nuca, el sabe que el reloj de arena decanta rápidamente, el sabe muy bien que estos minutos concebidos son un regalo divino. Más que un regalo hasta podría ser un don para terminar lo que comenzó.
El cansancio en sus piernas es agotador, y lo peor de todo que la noche recién comienza. Jadea, le cuesta deambular, pero ahora no es momento de pensar, debe seguir su destino que le confiere esa responsabilidad.
Que mejor que la noche para deambular tranquilo sin la prejuiciosa mirada diurna de la masa popular, los ojos de la muchedumbre, los murmullos ensordecedores, las risas sarcásticas, esos fueron tiempo dignos del terror. Ellos hablaban inescrupulosamente, ellos eran las únicas criaturas dignas de sentenciar, sin darse cuenta de que sus patéticas vidas no corren más allá de sus narices ¡Se creen grandes cosas! Murmulla por lo bajo, con el fantasma enajenado de una sonrisa llena de desprecio.
Un cuchillo filoso, será su más intrínseco aliado, que lo acompaña y se fundara en uno con él, escondido en la penumbra. Será el momento de sentir esa sensación nuevamente, placentera, y hasta aterradora para la mente normal.
Esa sensación en la que el ya no es la presa, hay un cambio de rol, el vuelve a ser el cazador. Podrá saciar esa hambre contenida durante tanto tiempo.
Las horas transcurren y el viento lo acompaña durante su larga espera. Observa detrás de la farola a un polizonte que camina, el esconde su rostro detrás de la gabardina, se aprieta sobre la pared deseando por el bien del policía que no se acerque a él. El no tendrá remordimiento en quitar una vida más, si así fuera predispuesto, todo seria para terminar su aspiración. Hoy no habrá trabas, ni fallas, ni tampoco tendrá la intención de abortar. Hoy sus risas se aplacaran, solamente suplicaran por sus vidas y reirá al final. El sabe que sus tácticas no puede fallar, el es un rey de la selva de las metrópolis y de la planicie de los andurriales; ese patibulario perfecto, príncipe de los asesinos y fratricidas ante quien los demás criminales deben inclinarse, es el asesino itinerante.
El conoce sus diversificaciones con el resto de los notorios homicidas, y sabe que por eso no puede fracasar. El asesino en serie es un sujeto coercitivo que mata para aplacar su sed, un psicópata que sigue un protocolar litúrgico destinado a apaciguarlo. Profana a sus víctimas, las consagra y las descuartiza; las usa de trofeo. Es un niño despavorido que aterroriza a su vez y que siempre deja indicios tras de sí para que lo atrapen. El vértigo de evadir el castigo lo estimula, Y sobre todo, al asesino en serie no le gusta moverse. Es un tipo sumamente casero que mata en su barrio, un pérfido chacal sarnoso que mata a los corderos de su propio rebaño.
El asesino itinerante, en cambio, es un migrador, un devorador de cuerpos, el gran tigre blanco de Bengala que se abalanza sobre la estepa en busca de sus presas. Está en lo más alto de la cadena alimenticia. Analiza y estudia a sus presas y cuando están finalmente acorraladas, las ataca. Es un ser frío que selecciona sus objetivos y controla sus pulsaciones. Nunca se deja exceder por ellas, no oye ninguna voz, no obedece a ningún Dios. No tiene cuentas que saldar ni revanchas que tomarse. Era el hijo señero y magnifico de una familia feliz. Nunca fue violado, nunca lo sometieron a incesto efusivo que le retuerce el cerebro. Nadie le pegaba, es mas hasta se podría decir que era culto y buen mozo. Ha nacido así: con brujas y arpías inclinado su cuna, la maldad por simple complacencia.
Al igual que el asesino en serie y el asesino en masa, el asesino itinerante está loco. Pero, a diferencia de ellos, él sabe muy bien que está loco. De una afilada conciencia nítida y aguda saca su mayor provecho y compensa la locura con un comportamiento extraordinariamente estable. El equilibrio en la oscilada inestabilidad. Puede ser cualquiera, incluyendo a tu vecino, el que te atiende en la farmacia o hasta un mismo policía, tal vez sea ese hombre de negocios o simplemente un famoso empresario multinacional, Está perfectamente integrado, no tiene antecedentes penales. Tiene un buen trabajo, una bonita casa y una estabilidad económica deseada. Viaja para embarullar las pistas de la policía y golpear allí donde nadie le espera.
Un taxi, frena bruscamente y sobre la acera, descienden dos jóvenes mujeres, con una silueta estilizada digna de modelos, una curvatura deseosa para cualquier hombre, y más aun para el itinerante, que las ve presas fáciles para saciar su hambre.
El itinerante limpia los rastros chorreantes de sangre de su cuchillo, en la chaquetilla del policía, esperando en la penumbra de la oscura noche. Esperando el momento para saltar como un león sobre las gacelas.
Los tacos agujas desprenden un sonido punzante sobre las baldosas de la vereda en plena noche, caminan aceleradas y sin despreocupación, charlando y riendo a carcajadas. Fue una buena noche Si todo fue genial, muy puntilloso- Y ese chico viste como te miraba, te miro toda la noche. Ni en sus sueños, ¡Forever! jamás, ni con un palo lo toco- risas y carcajadas desbordantes.
El itinerante está muy cerca y oye sus palabras. -Risas denigrantes, risas ególatras, risas extrovertidas y arrogantes.
Dando la vuelta a la vereda se topan con un tipo de gabardina oscura, con el rostro escondido por las sombras y un brillo resplandeciente en su mano derecha.
-¡Por dios es un cuchillo!
La sangre gotea por la alcantarilla, llegando a mezclarse con los pluviales de la ciudad. Las bolsas negras de los forenses caven a la perfección en sus cuerpos desnudos, flagelados y apuñalados, esperando una autopsia. ¡No para saber cómo fue sus muertes sino para intentar meterse en la mente del itinerante!
Tres víctimas en una noche producto de un hombre sin sombra y sin rostro, sin remordimiento por nada, sufriendo un trastorno bipolar muy perspicazmente, un hombre que se mira y no tiene reflejo en el espejo, un hombre con el que mañana te encontraras para ir a cenar o tomar un café, o simplemente un novio que sale con vos desde mucho tiempo. Puede ser la persona que menos esperes, en el colectivo, en el subte, en el colegio, en tu trabajo, o tu más intimo colega o amigo. Una persona que sabe muy bien lo que hace y lo que quiere y sobre todas las cosas no te lo dirá jamás hasta someterte a su filoso cuchillo. ¡No te fíes de nadie, pues el itinerante está ahí!
Nunca se imagino que sería su aliada por lo que le queda de sus días. Fiel compañera, sentada sobre su regazo, acompañándolo a donde el valla, única consorte que no lo juzga sin razón. Su única amiga en este desafío final.
El padre tiempo lo observa detenidamente con su péndulo oscilante, su respiración se esfuerza, producto del viento helado que le sopla la nuca, el sabe que el reloj de arena decanta rápidamente, el sabe muy bien que estos minutos concebidos son un regalo divino. Más que un regalo hasta podría ser un don para terminar lo que comenzó.
El cansancio en sus piernas es agotador, y lo peor de todo que la noche recién comienza. Jadea, le cuesta deambular, pero ahora no es momento de pensar, debe seguir su destino que le confiere esa responsabilidad.
Que mejor que la noche para deambular tranquilo sin la prejuiciosa mirada diurna de la masa popular, los ojos de la muchedumbre, los murmullos ensordecedores, las risas sarcásticas, esos fueron tiempo dignos del terror. Ellos hablaban inescrupulosamente, ellos eran las únicas criaturas dignas de sentenciar, sin darse cuenta de que sus patéticas vidas no corren más allá de sus narices ¡Se creen grandes cosas! Murmulla por lo bajo, con el fantasma enajenado de una sonrisa llena de desprecio.
Un cuchillo filoso, será su más intrínseco aliado, que lo acompaña y se fundara en uno con él, escondido en la penumbra. Será el momento de sentir esa sensación nuevamente, placentera, y hasta aterradora para la mente normal.
Esa sensación en la que el ya no es la presa, hay un cambio de rol, el vuelve a ser el cazador. Podrá saciar esa hambre contenida durante tanto tiempo.
Las horas transcurren y el viento lo acompaña durante su larga espera. Observa detrás de la farola a un polizonte que camina, el esconde su rostro detrás de la gabardina, se aprieta sobre la pared deseando por el bien del policía que no se acerque a él. El no tendrá remordimiento en quitar una vida más, si así fuera predispuesto, todo seria para terminar su aspiración. Hoy no habrá trabas, ni fallas, ni tampoco tendrá la intención de abortar. Hoy sus risas se aplacaran, solamente suplicaran por sus vidas y reirá al final. El sabe que sus tácticas no puede fallar, el es un rey de la selva de las metrópolis y de la planicie de los andurriales; ese patibulario perfecto, príncipe de los asesinos y fratricidas ante quien los demás criminales deben inclinarse, es el asesino itinerante.
El conoce sus diversificaciones con el resto de los notorios homicidas, y sabe que por eso no puede fracasar. El asesino en serie es un sujeto coercitivo que mata para aplacar su sed, un psicópata que sigue un protocolar litúrgico destinado a apaciguarlo. Profana a sus víctimas, las consagra y las descuartiza; las usa de trofeo. Es un niño despavorido que aterroriza a su vez y que siempre deja indicios tras de sí para que lo atrapen. El vértigo de evadir el castigo lo estimula, Y sobre todo, al asesino en serie no le gusta moverse. Es un tipo sumamente casero que mata en su barrio, un pérfido chacal sarnoso que mata a los corderos de su propio rebaño.
El asesino itinerante, en cambio, es un migrador, un devorador de cuerpos, el gran tigre blanco de Bengala que se abalanza sobre la estepa en busca de sus presas. Está en lo más alto de la cadena alimenticia. Analiza y estudia a sus presas y cuando están finalmente acorraladas, las ataca. Es un ser frío que selecciona sus objetivos y controla sus pulsaciones. Nunca se deja exceder por ellas, no oye ninguna voz, no obedece a ningún Dios. No tiene cuentas que saldar ni revanchas que tomarse. Era el hijo señero y magnifico de una familia feliz. Nunca fue violado, nunca lo sometieron a incesto efusivo que le retuerce el cerebro. Nadie le pegaba, es mas hasta se podría decir que era culto y buen mozo. Ha nacido así: con brujas y arpías inclinado su cuna, la maldad por simple complacencia.
Al igual que el asesino en serie y el asesino en masa, el asesino itinerante está loco. Pero, a diferencia de ellos, él sabe muy bien que está loco. De una afilada conciencia nítida y aguda saca su mayor provecho y compensa la locura con un comportamiento extraordinariamente estable. El equilibrio en la oscilada inestabilidad. Puede ser cualquiera, incluyendo a tu vecino, el que te atiende en la farmacia o hasta un mismo policía, tal vez sea ese hombre de negocios o simplemente un famoso empresario multinacional, Está perfectamente integrado, no tiene antecedentes penales. Tiene un buen trabajo, una bonita casa y una estabilidad económica deseada. Viaja para embarullar las pistas de la policía y golpear allí donde nadie le espera.
Un taxi, frena bruscamente y sobre la acera, descienden dos jóvenes mujeres, con una silueta estilizada digna de modelos, una curvatura deseosa para cualquier hombre, y más aun para el itinerante, que las ve presas fáciles para saciar su hambre.
El itinerante limpia los rastros chorreantes de sangre de su cuchillo, en la chaquetilla del policía, esperando en la penumbra de la oscura noche. Esperando el momento para saltar como un león sobre las gacelas.
Los tacos agujas desprenden un sonido punzante sobre las baldosas de la vereda en plena noche, caminan aceleradas y sin despreocupación, charlando y riendo a carcajadas. Fue una buena noche Si todo fue genial, muy puntilloso- Y ese chico viste como te miraba, te miro toda la noche. Ni en sus sueños, ¡Forever! jamás, ni con un palo lo toco- risas y carcajadas desbordantes.
El itinerante está muy cerca y oye sus palabras. -Risas denigrantes, risas ególatras, risas extrovertidas y arrogantes.
Dando la vuelta a la vereda se topan con un tipo de gabardina oscura, con el rostro escondido por las sombras y un brillo resplandeciente en su mano derecha.
-¡Por dios es un cuchillo!
La sangre gotea por la alcantarilla, llegando a mezclarse con los pluviales de la ciudad. Las bolsas negras de los forenses caven a la perfección en sus cuerpos desnudos, flagelados y apuñalados, esperando una autopsia. ¡No para saber cómo fue sus muertes sino para intentar meterse en la mente del itinerante!
Tres víctimas en una noche producto de un hombre sin sombra y sin rostro, sin remordimiento por nada, sufriendo un trastorno bipolar muy perspicazmente, un hombre que se mira y no tiene reflejo en el espejo, un hombre con el que mañana te encontraras para ir a cenar o tomar un café, o simplemente un novio que sale con vos desde mucho tiempo. Puede ser la persona que menos esperes, en el colectivo, en el subte, en el colegio, en tu trabajo, o tu más intimo colega o amigo. Una persona que sabe muy bien lo que hace y lo que quiere y sobre todas las cosas no te lo dirá jamás hasta someterte a su filoso cuchillo. ¡No te fíes de nadie, pues el itinerante está ahí!