danie
solo un pensamiento...
Me ponderan con su mártir
las batallas de Alejandro III de Macedonia,
los espetones en la estepa y sobre las atalayas
de Babilonia, ahora cenizas de una era de leyendas;
las contiendas y la espesa escarlata sobre el Nilo
de una cosecha que trepido
encallando en la clepsidra taciturna de una era legendaria,
silenciando el rostro de la esfinge vanidosa y laica
con el báculo de la patriarca cristiandad.
La pluma filosa con las que se narraron miles de batallas
y su tinta que hilvanó los capullos
y cada florecimiento con su savia manando
sobre la inescrutable civilización de Jerusalén.
Me abruman las madrugadas y sus albores
que son y fueron tintes de nimbos en sus altaneros ponientes,
las premoniciones de Tiresias y las revelaciones del Edipo,
junto con la luz legataria del serafín Luzbel.
Las sombras y los preludios, las horas y sus segundos.
Me agobia el ente que alguna vez fui
esperando al péndulo oscilante y su hoz sobre mi cernida gnosis.
El peso del pasado sobre la cruz es perenne
y sus corderos deambula sobre el friso sin brújula ni rabadán.
II
Ya fuimos y somos la negligencia del peregrino,
la polvareda esencial en la que yacimos
sobre el tul carmín de Adán,
visión cabalista y excéntrica del judaísmo y su idiosincrasia
conspirando en la mente de los hombres y lo que profesamos.
Ya en el polvo de mi hipogeo, mis sedimentos
se alzan hacia el umbral excelso, hacia el halo en las alturas
y hasta el fin en la sicalíptica corrupción del cuerpo y su mortaja,
sobre los cultos de la erudita muerte y los pérfidos lamentos
¡Reflexiono y pienso!
No soy el estólido demente que empuña
la quimera ilusión sobre la historia de su seudónimo;
ese sujeto apodado hombre,
delibero con fe y expectación sobre ese peregrino
que no sabrá que marche sobre sus mismos pasos.
Bajo el flemático cerúleo del cielo,
esta reflexión en mi reminiscencia es un piadoso consuelo
aunque por mi legado me albergaran las puertas del averno.
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