Húndete en su alma,
atraviésale la piel con los labios y la lengua
hasta alcanzar el mismo corazón.
Saborea sus silencios llenos de paz o excitación
y luego busca por la piel las cicatrices de las uñas de haber amado.
Busca en sus labios y en sus ojos
todo cuanto le sepa a rebeldía
y aférrate a sus manos cálidas
como las raíces viejas.
Y para cuando llegue el final de la tarde
y vuestros cuerpos yazcan desnudos,
erguiros, firmes y esbeltos ante el ocaso,
dejando que el sol bañe vuestro cuerpo abrasador
igual que a las montañas les azotan las tormentas.
Ése será el momento exacto
en el que, como ángeles,
os dejaréis llevar
por la vida, el fuego y la sangre
y brotará como de una única garganta
la rosa celestial y blanca
como la áurea danza del halcón victorioso, rey hasta el horizonte.
atraviésale la piel con los labios y la lengua
hasta alcanzar el mismo corazón.
Saborea sus silencios llenos de paz o excitación
y luego busca por la piel las cicatrices de las uñas de haber amado.
Busca en sus labios y en sus ojos
todo cuanto le sepa a rebeldía
y aférrate a sus manos cálidas
como las raíces viejas.
Y para cuando llegue el final de la tarde
y vuestros cuerpos yazcan desnudos,
erguiros, firmes y esbeltos ante el ocaso,
dejando que el sol bañe vuestro cuerpo abrasador
igual que a las montañas les azotan las tormentas.
Ése será el momento exacto
en el que, como ángeles,
os dejaréis llevar
por la vida, el fuego y la sangre
y brotará como de una única garganta
la rosa celestial y blanca
como la áurea danza del halcón victorioso, rey hasta el horizonte.
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