Hoover White
Poeta adicto al portal
Son hermosos los montes de esperanzas,
los ceibos llenos de fuerza y de tiempo;
y aquella tierra con la húmeda fragancia
de esperarnos con sus grietas brotadas
de vigor, de historia y lechos de vida.
Nos esperan aquellos firmes abedules
donde siguen enredados en sus ramas
nuestros sueños que tejimos un día,
y nuestras fantasías que volaron como el ave
anidándose en su robusta corteza
de memoria, silencios y adversidades.
Para llegar, solo hay que cruzar el camino
y seguir aquella bandada de pájaros
que a lo lejos parece una pintura de arte;
y cuando lleguemos y escuchemos el cantar de los árboles,
no olvidemos acostarnos en los montes de esperanzas
donde jugábamos con los duendes y las hadas,
donde respirábamos el perfume de los verdegales.
los ceibos llenos de fuerza y de tiempo;
y aquella tierra con la húmeda fragancia
de esperarnos con sus grietas brotadas
de vigor, de historia y lechos de vida.
Nos esperan aquellos firmes abedules
donde siguen enredados en sus ramas
nuestros sueños que tejimos un día,
y nuestras fantasías que volaron como el ave
anidándose en su robusta corteza
de memoria, silencios y adversidades.
Para llegar, solo hay que cruzar el camino
y seguir aquella bandada de pájaros
que a lo lejos parece una pintura de arte;
y cuando lleguemos y escuchemos el cantar de los árboles,
no olvidemos acostarnos en los montes de esperanzas
donde jugábamos con los duendes y las hadas,
donde respirábamos el perfume de los verdegales.
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