Daltrangello
Poeta recién llegado
Roja la palabra, cristalizada
en mi pulso, en el silencio
cada letra se hace vulnerable
y me desangro en el rincón
me desprendo fatigado
de mi piel, me bifurco
en seres de sombría palidez
que ven absurda la conjura
esta ausencia del unívoco
este sepelio en las orillas
amarrándonos…
mientras tanto te pregunto
¿Me querés?
mejor cierro los ojos
y me resigno luego del punto
pues de nadie es la existencia
a menos que, claro, una certeza
pero siempre fue así, y siempre
es la insaciable pretensión
el flujo de lo eterno, un fluir
es siempre, y siempre será
contigo,
mi mayor impertinencia.
Vino huyendo, de algo
de alguien, de todos
el tibio roce de sus mejillas
deslizándose en la memoria
y un cohibido latido inmaduro
cae al cielo y agobiado susurra
en su genio, el errante amo del fuego
el castigo de las primaveras,
la peste viva, la ruina entera
los carnavales del niño muerto
el carrusel, las cenizas del intento
la avaricia hecha de perlas
mi fiel hedor, tu negligencia
la simbología del lamento
el sano juicio en mi excremento
la belleza de un doble ocaso
el placer, tus suaves labios acaso
la hilera oscura del cristal
el compasivo autor del mal
¿Cuándo sentí la bondad del mundo
estéril por última vez entre mis dedos?
¿Dónde habré desgarrado la inocencia
de mi más preciado sueño Julieta?
en mi pulso, en el silencio
cada letra se hace vulnerable
y me desangro en el rincón
me desprendo fatigado
de mi piel, me bifurco
en seres de sombría palidez
que ven absurda la conjura
esta ausencia del unívoco
este sepelio en las orillas
amarrándonos…
mientras tanto te pregunto
¿Me querés?
mejor cierro los ojos
y me resigno luego del punto
pues de nadie es la existencia
a menos que, claro, una certeza
pero siempre fue así, y siempre
es la insaciable pretensión
el flujo de lo eterno, un fluir
es siempre, y siempre será
contigo,
mi mayor impertinencia.
Vino huyendo, de algo
de alguien, de todos
el tibio roce de sus mejillas
deslizándose en la memoria
y un cohibido latido inmaduro
cae al cielo y agobiado susurra
en su genio, el errante amo del fuego
el castigo de las primaveras,
la peste viva, la ruina entera
los carnavales del niño muerto
el carrusel, las cenizas del intento
la avaricia hecha de perlas
mi fiel hedor, tu negligencia
la simbología del lamento
el sano juicio en mi excremento
la belleza de un doble ocaso
el placer, tus suaves labios acaso
la hilera oscura del cristal
el compasivo autor del mal
¿Cuándo sentí la bondad del mundo
estéril por última vez entre mis dedos?
¿Dónde habré desgarrado la inocencia
de mi más preciado sueño Julieta?
Última edición:
:: Debo andar cursi, debe ser la lluvia, pero tá, me quedo con su aspecto tierno.