Polver
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Imaginando bloques y gatos negros
Te hallabas sentada en la banca más vieja del parque
(quizá solo yo me daba cuenta de eso),
tenías en la mano un cigarrillo y en los ojos
un montón de lágrimas.
Se notaba que te habían destrozado a golpes
la sangre de tu cara escurría
con tus lágrimas
como una mezcla digna de compasión.
Parecía que no le importabas a nadie
todos se alejaban en cuanto te miraban,
pero tu seguías fumando mientras el mundo
seguía su curso.
Te recuerdo muy despeinada, sin un zapato
y con media blusa hecha trizas, con dos o tres
cervezas ya secas bajo tus pies, unos mayones
rasgados y una minifalda demasiado corta.
Me senté en la banca de enfrente
para mirarte más de cerca,
nunca me había sentido tan atraído
por el dolor de una chica, así que me enamore
de ese instante y guarde el cuadro muy profundo
en mi corazón.
El sol dándote en la cara,
tu cuerpo temblando, quizá de miedo o de impotencia,
tus ropas empapadas de sangre, dándole un toque
teatral a la escena, los niños jugando detrás tuyo,
riendo y disfrutando de sus cortas vidas,
la gente insensible pasando frente a ti
como si fueses un fantasma,
tus labios resecos y la mirada perdida
como un paciente mental,
los árboles secos y sin hojas por el otoño,
el viento helado soplando de todos lados,
tus brazos repletos de moretones,
adornando aún más
el drama que tu cuerpo interpretaba.
Todo parecía una escenografía planeada solo para ti,
para darle vida a una historia en donde tú eras
el personaje principal ,
esa tarde interpretaste tu papel perfectamente;
fumabas un cigarrillo y veías pasar la vida sentada
en la banca más vieja del parque
mientras todos decoraban tu acto.
Te hallabas sentada en la banca más vieja del parque
(quizá solo yo me daba cuenta de eso),
tenías en la mano un cigarrillo y en los ojos
un montón de lágrimas.
Se notaba que te habían destrozado a golpes
la sangre de tu cara escurría
con tus lágrimas
como una mezcla digna de compasión.
Parecía que no le importabas a nadie
todos se alejaban en cuanto te miraban,
pero tu seguías fumando mientras el mundo
seguía su curso.
Te recuerdo muy despeinada, sin un zapato
y con media blusa hecha trizas, con dos o tres
cervezas ya secas bajo tus pies, unos mayones
rasgados y una minifalda demasiado corta.
Me senté en la banca de enfrente
para mirarte más de cerca,
nunca me había sentido tan atraído
por el dolor de una chica, así que me enamore
de ese instante y guarde el cuadro muy profundo
en mi corazón.
El sol dándote en la cara,
tu cuerpo temblando, quizá de miedo o de impotencia,
tus ropas empapadas de sangre, dándole un toque
teatral a la escena, los niños jugando detrás tuyo,
riendo y disfrutando de sus cortas vidas,
la gente insensible pasando frente a ti
como si fueses un fantasma,
tus labios resecos y la mirada perdida
como un paciente mental,
los árboles secos y sin hojas por el otoño,
el viento helado soplando de todos lados,
tus brazos repletos de moretones,
adornando aún más
el drama que tu cuerpo interpretaba.
Todo parecía una escenografía planeada solo para ti,
para darle vida a una historia en donde tú eras
el personaje principal ,
esa tarde interpretaste tu papel perfectamente;
fumabas un cigarrillo y veías pasar la vida sentada
en la banca más vieja del parque
mientras todos decoraban tu acto.
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