Me agobia tu rebeldía insana
las maquinaciones malignas de
tu mente.

Rechazas el paso del tiempo
que empuja tu ser hacia la
nada.

Y piensas en silencio:
¿para que luchar si al fin
me muero?

Me sufoca la atmósfera de la
noche tibia, que sojuzga el
humano desconsuelo.

Vivir es un engaño y vana
la promesa de inmortalidad.

No voy escribir rimas,
volaré en mis libres versos.

Seré un eterno aprendiz
para que mi pluma ataje el
tiempo y domine los verbos.

Ahora, nada tengo.
Nada ofrezco.
Tampoco espero
Recompensa.

No me desespero.

Cuando me vaya,
hoy o mañana,
en el auge de
mis penas,
legaré al mundo
mi irreverencia.