Roy Dávatoc
Poeta asiduo al portal
El otoño se encrespa mudo,
encinta sus hojas desalineadas
el calor cae, embriaga,
unge horizontes de Alejandría
de ojos amargos
de pulgares quebrados.
Olvida la fuerza de sus brazos
de sus manos, de su tronco
desgarrado
sin péndulos
descascarado.
Sorbe la savia de su pecho
de su espalda misma,
bueno para heridas vivas
para el cobijo inservible
¡Para los nidos de las aves huérfanas!
Esas son las uñas ardientes
los rasguños invisibles, rojo vivo
de los cipreses y algarrobos
que estrechan sus ojos infalibles
como flechas de viento,
de los pezones anudados
de la leche hecha sangre
del mismo muerto otoñal
a quien canto muerto este dolor.
-Del poemario"Tiempo Fuera"-
encinta sus hojas desalineadas
el calor cae, embriaga,
unge horizontes de Alejandría
de ojos amargos
de pulgares quebrados.
Olvida la fuerza de sus brazos
de sus manos, de su tronco
desgarrado
sin péndulos
descascarado.
Sorbe la savia de su pecho
de su espalda misma,
bueno para heridas vivas
para el cobijo inservible
¡Para los nidos de las aves huérfanas!
Esas son las uñas ardientes
los rasguños invisibles, rojo vivo
de los cipreses y algarrobos
que estrechan sus ojos infalibles
como flechas de viento,
de los pezones anudados
de la leche hecha sangre
del mismo muerto otoñal
a quien canto muerto este dolor.
-Del poemario"Tiempo Fuera"-
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