Tú habitaste siempre un palacio de señores,
te acongojaste por causas ajenas a mi mundo,
fuiste feliz por cosas ajenas a mis asuntos,
fuiste alegre entre joyas, fincas, viajes y honores.
Tu cordialidad hacia mí era un doloroso insulto;
y tus buenos modales eran para mí una afrenta.
Me veías...