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Ella, ojos brillantes,
tal cual estrella.
No podría existir
mujer más bella.
No le puedo mentir,
no, no a ella.
Sus pecas, noche constelada,
sobre su piel tan bella.
Aquella, mujer de mis ojos,
corazón, alma y pena,
No protestaré a tus enojos,
no seas ajena.
A ella, le daré mi amor,
caricias...
Sea por siempre en su impiedad maldito
aquel que fiero y embriagado llega
para arrancarle a la mujer el grito
cuando le pega.
Caiga la ley con rigurosa mano
sobre ese bruto y sin igual cobarde;
aun si su juicio fuera el más temprano
siempre es muy tarde.
Sirva de ejemplo su malvado nombre
al...