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Ya no ilumina el sol,
suelos de ceniza y papel,
ni la luna domina nuestros sueños,
sueños de tinta, por escribir,
se desparraman ennegrecidos,
por las páginas, por siempre quebradas,
ya no hay sombra que sea esclava,
pertenece a la oscuridad,
la ceniza de su dueño,
de su suelo y de su cielo...
Caemos,
en disparidad de horizontes,
porque cada alma es blanco cielo,
y cada anhelo, nuevo vuelo,
caemos con la verdad en la garganta,
atragantándonos
con la elocuencia de toda sabiduría,
porque caemos,
del milagro hacia lo profundo,
milenios perderemos,
entre plumas y agitados suspiros...