Advierto a la aurora que me estoy muriendo.
Mi lecho es un cesto de nube
y mi paraíso la nada.
Como la carcajada del infante,
lleno de inocencia me despido.
De mí solo quedará un leve aliento
que se irá esfumando
para ser lo primero que algún día fui:
un instante, un vacío, una palabra.
Seré...