Veo tus alas quebradas, amor,
en la penumbra de nuestro cuarto secreto,
y mis manos, temblorosas e inútiles,
sufren la impotencia de no poder recomponer tu vuelo.
El silencio te envuelve,
como una losa pesada que aplasta las mañanas,
y en tus ojos, abismos del alma,
se reflejan tormentos...