Pasó en una noche fría,
tan negra como sombría,
la de la herida mortal
cuando me clavó el puñal
de que ya no me quería.
Quedó el alma tan vacía
al cumplir la profecía:
Hundiría el vil metal,
bajo la niebla otoñal,
sin ninguna cortesía.
Si fue con alevosía,
tan solo ella lo sabía,
del amor...