La niña sin boca,
la que nunca, jamás, se equivoca.
La niña sin ojos,
la que siempre termina en enojos.
Vivía (o creía que así lo hacía),
en una casita hecha de alabastro;
llegando la noche sin prisa huiría,
cuidando sus huellas; perdido su rastro.
Primero sus padres, tan triste tragedia...